domingo, 20 de mayo de 2018

Atlético 2 - Eibar 2

La gran fiesta de El Niño
DOBLETE DE FERNANDO TORRES EN SU ÚLTIMO PARTIDO CON EL ATLÉTICO



Nora, Leo, Elsa, esto es para vosotros. Para que mañana entendáis eso que ven vuestros ojos, por si acaso, por si hoy aún sois demasiado pequeños para guardarlo. Toda esa emoción que llena el aire y encoge un estadio a la vez.

Este momento, el tifo de cartulinas blancas, rojas y azules, con ese 9 al aire y una leyenda que suena infinita, de Niño a leyenda se lee, y una sonrisa llena la cara de ese hombre al que todos envuelven en un grito. El Lololololo. Muchos no pueden evitar llorar mientras lo hacen. Llorar callado, llorar de nostalgia porque algo se va y se termina, porque esta vez no habrá vuelta, porque lo hoy sí será definitivo.

Hoy es 20 de mayo, tarde nubosa en Madrid. El árbitro pita, el balón rueda, el hombre todo pecas está ahí, delante, sobre la hierba, la C de capitán al brazo, como tantas otras veces, hoy se la cede Gabi también titular. El hombre mira el balón pero a menudo los ojos se le escapan. A la grada, a la cubierta, al Fondo Sur, como si hiciera fotos, como si guardara todo. Este Atleti-Eibar no sólo es el último de la temporada, también es su último con esta camiseta, la rojiblanca. Y como le duele, y cuánto le cuesta. Hace mucho que eligió al Atleti no como equipo sino como forma de vida.

Lolololo. Eso se escucha ahora. Lolololo. Fernaaaando Torres, lolololo. Altísimo.

El Lololololo llena el aire. Ninguno de los dos equipos se jugaba nada sobre la hierba, pero cuando un balón rueda todos quieren ganar. El Eibar, que hizo pasillo al Atleti campeón, viajó a Madrid con la ambición de dejar su nombre en el adiós de Torres. Tardó más en entrar en el juego, mientras Simeone, nada más comenzar, ya pedía premura a los recogepelotas: nada sabe de trámites. La despedida de Torres también estaba en el césped. Todos los balones le buscaban. Si el Eibar se acercaba al área de Oblak pero sin remates claros, las ocasiones del Atleti llevaban el apellido de Torres, ayer pareja con Correa. Dos ocasiones tuvo antes de que el Eibar, en efecto, se colara su despedida. Una la cruzó demasiado y otra se fue ajustada al palo, por poco. Entonces, en una contra, Kike García batió a Oblak tras recibir un pase en el interior de área de Jordán. Torres lo igualaría antes del descanso, cómo no. Gabi lanzó una contra, Correa centró y El Niño le puso el final el primero de sus goles.

Suena el Lolololo y no se para, no se detiene. Muchos de los que lo cantan romperían el reloj. Hoy lo pararían. Aquí y ahora. Con ese hombre vestido de rojiblanca ahí, 9 a la espalda, sobre el césped, de rodillas frente al banderín, bajo esa piña de jugadores que se abrazan a los pies del Fondo Norte. Hoy todavía está, mañana ya no. Ya no lo hará. Estar, seguir. Y cómo emociona en esta tarde seguir aplaudiendo sus goles. Nadie le quiere decir adiós. Nadie puede. Nadie imagino que un día tendría que hacerlo, que ese hombre se iba a terminar. Hoy podría ser todavía 2001, Calderón y no Metropolitano. Ese crío delgaducho, todo piernas y pecas que es de los últimos en irse al túnel. Le quedan 45 minutos, sólo.

El descanso se llena de ayeres. De conversaciones entre compañeros de asientos. Tantos recuerdos. Porque ese hombre que hoy se va siempre será más que un futbolista. Es el recuerdo de una edad que no volverá, de un tiempo. El de la tele sin Netflix y la vida sin Likes. El gol del Albacete y la foto del niño al que la camiseta le quedaba grande y el Calderón perfecto. Y aquella volea al Betis, los partidos al Barça o el hacerse del Liverpool, y del Chelsea, el Milán a tanta distancia. También la bandera del Atleti anudada al autobús de España cuando aquella Eurocopa, cuando el Mundial. Y la luz en sus piernas en la oscuridad de Segunda. Su corazón siempre ha sido un escudo. Su zancada centella. Esa misma que esta tarde vuelve a aparecer sobre la hierba. Cuando el partido vuelve del descanso. El Eibar mostraba todas sus cartas, dominó sus primeros minutos. Con presión alta, sin dejarle al Atleti salir de su campo, apretando a Oblak. El Atleti sufre. Y si el Atleti sufre, Torres, cómo no, se lo echa a la espalda.

Su doblete llegó con una de esas jugadas que tanto le definen. Recibe de Costa, se escora en el área y pica el balón. Éste toca la red y Torres corre al lugar del que salió, el Fondo Sur, para abrazarse, para celebrarlo con aquellos que son él mismo, ese chico que soñaba con Kiko y una noche en Neptuno. La grada baja como una ola. Cuando el hombre de las pecas vuelve al campo el árbitro le muestra tarjeta. Nunca una amarilla emocionó tanto, nunca se aplaudió así.

Otra tarjeta cambiaría los planes del Cholo. A Lucas, porque le den un golpe y le hagan una brecha. Quizá fuera que el árbitro también quería dejar su nombre en la despedida de Torres. Simeone se quedaba con uno menos. Ya habían salido Costa y Griezmann, al que recibió algún pito, para el que Godín pidió cánticos, aplausos, saldría Giménez para tapar atrás. Pero el Eibar seguiría plantando cara y Ruben Peña lo subiría al marcador, con un zapatazo imparable mientras el reloj seguía descontándole minutos a la última tarde con Torres. Sólo lo paró Dmitrovic, que quedó tendido en el suelo por un pisotón de Costa. El juego se reanuda frenético en el 80’, diez minutos quedaban y el balón que seguía disputado sobre la hierba. Los homenajes para luego, el fútbol ahora. Y Torres quería ganar. No dejó de pelear esa pelota como si en efecto hoy fuera 2011, el Metropolitano el Calderón, y él ese chiquillo delgaducho con tanta historia que hacer por delante.

El mismo que ahora, que hoy, lleva tantos recuerdos anudados alrededor de sus piernas como tatuajes en los brazos cuando se acaban los cinco minutos de descuento, tan largos, tan cortos, y se queda en el centro del campo cuando el árbitro pita el final, con ellos en alto, los ojos en agua. Todos le buscan, todos le abrazan, como esa voz que sale de la grada. Le llaman Torres, le dicen Niño. Envuelto en ese Lolololo que explica qué ha hecho para merecer esto, que da las gracias por tanto. Tanto como lo que se lleva en su adiós, de todos nosotros. No hay palabras. Quizá sólo esa valga. El Lolololo que ya llora, que ya añora.

Porque hay Niños que nunca deberían hacerse mayores. Como ese al que vosotros llamáis papá.



Patricia Cazón (As.com)

Previa Atlético - Eibar


La despedida de El Niño
20/5/18   18.30   W. Metropolitano
Con prácticamente nada en juego, el partido será todo un homenaje para el jugador más simbólico del Atlético de Madrid. Fernando Torres se despide de su casa ante su afición y tras la consecución de un título europeo. Gane o pierda, el Atleti ya es segundo en la clasificación por encima del Real Madrid, en la que ha sido una buena temporada para los rojiblancos. Emoción, fiesta y nostalgia en el adiós del Niño, un niño que se hizo leyenda. 

sábado, 19 de mayo de 2018

Fernando Torres no se va

Como ya dije una vez, las leyendas no son quienes más records dejan escritos. Tengo que escribir esto. Nunca sabremos qué respaldo tendrían los Messis y Cristianos si con sus equipos no hubiesen ganado nada. Y me hace pensar que muy poco, cuando a algunos les pitan en su propio estadio en cuanto no hacen gol en 3 partidos. 


Me toca presumir como atlético, de que estamos sin duda ante el jugador más querido por una afición, y que estamos ante la mejor afición de todas. Una afición que valora el esfuerzo y la entrega por encima de los títulos. Que idolatramos a un jugador, que con nosotros no había conseguido nada. Absolutamente nada. Ningún club podrá presumir de que 45.000 personas acudieron a recibir a un jugador así. 

Por eso somos diferentes. 

Y es que ese día, el atletismo no fue a recibir un fichaje, los atléticos recibían a un familiar. 

El fútbol ha hecho justicia. Ese fantástico deporte al que Fernando Torres ha dedicado toda una carrera, ha acabado premiándolo. El fútbol se ha aliado con Neptuno y ha hecho ver que los sueños hay que pelearlos hasta el último de nuestros días, porque incluso en los últimos minutos, pueden hacerse realidad. 

Un sueño para Torres materializado en un trofeo del que le importa más el entregarlo a la afición que quedarse para sí. Un sueño y un trofeo compartido. Un trofeo que ha servido para hacer una fiesta de sus últimos partidos con esta camiseta, para dejar constancia de que hoy el Atlético de Madrid es un equipo importante en Europa y que su esfuerzo y constancia en los últimos años ha servido para consolidarlo entre los mejores del Mundo. Pero un trofeo que en realidad, es lo de menos. Un trofeo que no hacía falta. Ni para ser más club ni para ser más querido. 

Porque ahora resulta que se va, o eso es lo que dice la gente. Que el domingo hay que hacerle una despedida. Como si hubiese estado aquí. 

Creo que ese día, sólo debería ser el día en el que todo el atletismo le demos públicamente las gracias, por haber personificado los valores de todo un club. Por haber sido embajador de unos colores y un sentimiento inexplicable, porque personas como él hagan más fácil explicar de padres a hijos, por haber sido ejemplar dentro y fuera del campo, por haber sido la esperanza de unos aficionados que en el infierno se encomendaban a un chaval de 17 años para poner al Atleti en el lugar que se merecía. Y finalmente así fue. 

El Atleti es familia, es unidad, es coraje y corazón, es trabajo, es esfuerzo, es humildad, es caer y levantarse, es luchar por los sueños, es perder y volverlo a intentar... el Atleti es la vida misma. Por eso yo me niego a que haya un 'adiós', ni siquiera otro 'hasta luego' y es que dónde juegue al fútbol es lo de menos, Fernando Torres no se va porque Fernando Torres no está, Fernando Torres es. 


@narfbaya
Un atlético. Uno más

Torres "Nunca llevé con más orgullo nuestra bandera que cuando no la quería nadie"

Mensaje de Torres a su afición
MENSAJE DE TORRES TRAS LA CELEBRACIÓN EN NEPTUNO DE SU ÚNICO TÍTULO ROJIBLANCO
"Es difícil explicar lo que uno quiere cuando siente tanta emoción.
Cuando era pequeño nadie entendía porque quería llevar la camiseta del atleti al colegio cuando había perdido el anterior . Yo sabía lo que tendría que soportar, pero no me importaba, me hacía más fuerte. Sabia que un día el atleti tendría un equipo que nos representaría , que costaría mucho trabajo , pero lo íbamos a conseguir. 
Gracias a todos mis compañeros que lucharon conmigo en Segunda , fueron años duros pero nunca llevé con más orgullo nuestra bandera que cuando no la quería nadie. Gracias también a los que lucharon en los años de transición y los que empezaron a ganar porque de todos ellos es una parte de esto. Gracias también a las generaciones anteriores que me sirvieron de inspiración. Pero sobre todo gracias a los que hoy son mis compañeros , que son esos que soñaba cuando era niño que un día llegarían a mostrarnos a todos que el atleti es mucho más que ganar, pero ganar sabe diferente. Estoy muy orgulloso de ser parte de ellos, los elegiría siempre. 
Y gracias afición por hacerme sentir tan afortunado , nunca necesité un título para sentirme el jugador más querido del mundo, pero ahora os debo un poquito menos.
He necesitado toda una carrera para conseguir estar donde me prometí cuando tenía 11 años, y os aseguro que ha merecido la pena.
Os espero a todos el domingo.
Gracias por tanto y perdón por tan poco. "

#forzaatleti

miércoles, 16 de mayo de 2018

Final Marsella 0 - Atlético 3

CAMPEONES EUROPA LEAGUE 17/18

Atlético de Madrid


Clic, clic, clic. De pronto eso llena la noche en Lyon. Un clic, clic, clic como de vieja Olivetti. Sale de decenas de cámaras de fotos. Porque el Atleti ha vuelto a ser campeón de Europa. Sí, otra vez. Tercera Europa League en sus vitrinas. Tres de tres. Y todos los flashes buscan a Torres. El capitán Gabi va a levantar la Copa. Antes le ha mirado y con los ojos le ha pedido que lo haga con él, alzarla. Es mucho más que plata, 15 kilos de peso o 65 centímetros de alto. Es una vida soñándola. Es el momento. La foto de Torres en la que quedarse a vivir. Los clic, clic, clic se convierten en estruendo.

Costó mucho, costó lo indecible. Porque el Marsella, como el Atleti, también es un tributo a la obstinación. Pero en Lyon se topó con un muro. “Mi grandeza no reside en no haber caído nunca, sino en haberme levantado siempre”. La frase es de Napoleón y Simeone se ha hecho un traje negro con ella para definir a un equipo, un escudo, una afición y una forma de vida. Ayer le tocó volver a ser hincha. El TAS no levantó la sanción. Lo vivió desde el palco, no desde el banco, y desde allá arriba lo vio. Cómo sus chicos volvieron a derramar el himno sobre la hierba, todo coraje y corazón. Sobre todo, Griezmann. Sin él hubiese sido imposible la foto. Pero jugaba en Lyon, ante esa grada que una vez le rechazó. Su final fue la venganza perfecta.

El silbato del árbitro había caído sobre el partido como una campanada de ring entre la niebla, el rojo bengala de la grada francesa. El Marsella pronto trasladó su fuego a la hierba. Entendía que Lyon era su historia y se abalanzó sobre ella borrando al Atleti. Con presión alta feroz y agarrado a una bota, la de Payet, que pronto enseñó los dientes con un pase impecable a Germain. Éste, solo ante Oblak, lo mandó alto. El Atlético, si había saltado nervioso, ya estaba incomodísimo. Mandaba Payet, disparaba Sarr, remataba otra ocasión alta Rami. Ay, ay, ay.

Pero si hay un equipo que sabe sufrir ese es el Atleti. Es su esencia: porque nada sabe mejor que aquello que cuesta. Y cuando el partido más apretaba, apareció un rojiblanco para doblar ese destino que parecía escribir la final en marsellés: Griezmann. Minuto 21, con un error rival le bastaría. Fue de Zambo al controlar mal un pase de Mandanda. Gabi recuperó y buscó al francés, que batió al portero por bajo mientras Lyon se frotaba los ojos ante ese talento al que un día dijo no. Hoy es uno de esos futbolistas que nunca fallan, que siempre están, incansables. Él y su capa. El Ale, ale, aleeee atronó por primera vez en la noche.

Diez minutos después Payet se llevaba la mano atrás: había dolor, imposible seguir. Si al saltar al campo había tocado el trofeo, en el minuto 30 lo abandonaba, entre lágrimas. Fue el golpe definitivo al Marsella, aunque no subiera al marcador. La épica se desinfló, se iría convirtiendo en resignación.

El reposo devolvió a ese mismo Atleti que se había ido al descanso, un equipo cada vez más sólido y mandón. Sostenían la firmeza de Godín, las agallas de Gabi, la linterna de Koke, que Lucas hacía de Thauvin un jugador invisible. Vrsaljko, con amarilla, por si acaso, por si Londres, se quedaba en la ducha. Juanfran entraba en el jardín de Griezmann. Porque lo era, ya todo suyo. Cada pase, cada centro, cada genialidad sobre el césped llevaba su apellido. También el 0-2, a los tres minutos de la segunda parte. Comenzó en un robo de Saúl, siguió en Koke y terminó con el francés corriendo hacia Mandanda. El portero sólo pudo mirarle y sentirse como aquel personaje de García Márquez, Aureliano Buendía, frente al pelotón de fusilamiento. Esta vez el balón le superó por alto.

El Marsella boqueaba, agarrado a López como un náufrago a un tablón en el mar. Mitroglu fue la última carta de Rudi García. Pero el partido ya eran del Atleti y de Grizi, como la final, y su cabezazo picado se estampó en el palo mientras Gabi recogía un balón de Koke para hacer el tercero. Minuto 89 decía el reloj. Y la pelota la empujaba el capitán y también todo un equipo, aquel Atleti de 1986 que perdió una Recopa en Lyon. Los Julio Prieto, Tomás o Marina. O el mismo Arteche desde el tercer anfiteatro. Con Luis, claro, y su ganar, ganar y ganar.

En el noventa, el Parc OL rompió a aplaudir. Franceses, rojiblancos. Se iba Griezmann y, mientras lo hacía, le pedía al Mono Burgos un nombre. "Torres, Torres". Entraría El Niño, claro, para su foto. Era injusto que le recordara para siempre la memoria pero no las vitrinas. Pero ya está ahí, grabado, su punto y final. Éste, el soñado, en la última oportunidad. Gracias a Griezmann, al Cholo, a este Atleti que no se cansa de historia, un 16 de mayo.

Clic, clic, clic.


Patricia Cazón (As.com)

Previa Final Marsella - Atlético


Final Europa League 17/18
Parc Olympique Lyonnais
16 Mayo 2018   20.45
Olympique Marsella vs Atlético de Madrid
Quinta final europea de la era Simeone, segunda oportunidad de ganar un gran título con la rojiblanca para Fernando Torres. Para los marselleses, que cuentan con una Champions League, será la tercera oportunidad para ganar por primera vez la pesada copa europea. Ambos equipos llegan con resultados muy similares esta temporada, los franceses con un día más de descanso. Lyon centra hoy las miradas del fútbol. 


sábado, 12 de mayo de 2018

Getafe 0 - Atlético 1

Próxima parada: Lyon
VICTORIA Y A PREPARAR LA FINAL. OBLAK DETUVO UN PENALTI



La estadística de kilómetros recorridos debería incluir esta vez al doctor del Atlético, que de largo hizo más que alguno de los de corto. El equipo de Simeonesaca del partido tres puntos para la tabla pero ninguno de sutura, tan importante lo uno como lo otro. Porque el parte de guerra deja una victoria sin bajas para Lyon, al menos que se sepa a estas alturas, después de una tarde en la que Óscar Celada, galeno rojiblanco a la sazón, tuvo que atender sucesivamente al estado de Costa, de Gabi, de Godín, de Filipe, de Juanfran, de Savic o de Oblak. Cada tipo que rodaba por los suelos era un año perdido de vida para todo aficionado rojiblanco que se precie, dispuesto como estaba el Getafe a cualquier cosa menos hacer prisioneros. Andaría Rudi García partiéndose la caja en casa, contemplando cómo se repartía estopa en el Coliseum casi 24 horas después de que hubiera finalizado el partido del Olympique. La mejor Liga del mundo, ya saben.

Abrió la veda Damián Suárez, ese mito. No es la primera vez. No es la segunda. Andaría aburrido, quién sabe, el caso es que decidió atizar a Diego Costa aprovechando que pasaba por allí y, sobre todo, que el balón pasaba por otro lado. Costará que el Getafe se libre de ciertas etiquetas si no pone nada de su parte para librarse. El uruguayo, de hecho, parece empeñado en mantenerlas. A partir de ahí el Coliseum se convirtió en un campo de minas, patada va, patada viene. La de Fajr a Juanfran, poco después, era también de roja. El colegiado ya se había decantado descaradamente por el tancredismo en un partido que pedía decisiones y aquello pudo acabar como el rosario de la aurora, porque ya que no había protección hubo respuesta: el Atlético también terminó sacando los tacos a pasear. Lo curioso es que al descanso cada equipo apenas tenía una tarjeta amarilla... mientras el que se había ido a la calle era el preparador físico local. Una vez más, la boca se castigaba mucho más que la pierna.

Antes de que se desataran las hostilidades, Koke había estado para todo en la jugada del gol. Se inició con una apertura del 6 y se cerró con un derechazo cruzado del 6, pero de una acción a otra pasó también por Juanfran y Griezmann, saliendo mejorada de ambos. Resultó extraño, la verdad, que el Getafe estuviera ahí a verlas venir. Después Antoine dejaría a Costa mano a mano con Guaita, lance en el que se impuso el portero para evitar lo que pudo ser la sentencia. El Cholo, a todo esto, había dispuesto un once absolutamente reconocible, para hacer bueno el partido a partido y para desesperación general en las refriegas posteriores, que, más allá de que después no la dejaran, siempre amenazaron con dejar una víctima.

Al descanso, mucho más pendiente de la épica que de la lírica, el Getafe no se había acercado a Oblak. El primero que atizó después fue Thomas, eso es así, pero enseguida hubo respuesta de Flamini para que las cosas siguieran donde se habían dejado. La novedad del segundo acto pasó por el fuego amigo, en la que definitivamente es crónica de sucesos antes que crónica de fútbol: Thomas reventó a Gabi de un balonazo y Godín golpeó la cara de Savic en el afán por despejar. En el caso del capitán conviene matizar que no hay golpe que lo saque de un campo, se ponga el médico como se ponga. Que se puso, por cierto, harto quizás de tanta carrera hacia el verde.

Bordalás tiró de Ángel, que se había quedado en el banquillo, y a partir de ahí el Getafe resultó mucho más reconocible. También puso de su parte Alberola, que castigó como penalti una acción de Godín que no había parecido para tanto. Atendiendo a los precedentes ni merecía la pena tirarlo, porque el Getafe los falla todos y Oblak los para casi todos: efectivamente, el esloveno se estiró para sacar el disparo de Fajr. ¿Adivinan cómo terminó la jugada? Correcto: con el doctor sobre el terreno de juego. Cuando aún no se había levantado del suelo el portero recibió la embestida de Bruno, que peleaba por que la jugada ofreciera aún una segunda oportunidad.

El Getafe pareció asumir que si no llegaba ahí es que no iba a llegar, más allá de que hasta el final persistiera por aquello del qué dirán. De hecho en el tramo final anduvo cerca el segundo del Atlético a la contra, pero Torres y Gameiro apenas ofrecieron más argumento para encontrarse en el campo que el de conceder por fin un respiro a Griezmann y Costa. El Niño la echó fuera, el francés se estrelló ante Guaita. Tanto monta, monta tanto. El tercer cambio, por cierto, había sido el de Koke.

El Atlético, en fin, puede celebrar tanto el resultado como haberlo conseguido sin consecuencias de cara al futuro, porque este triunfo bien pudo ser pírrico, dícese del que se obtiene con más daño para el vencedor que para el vencido. En lo que al Getafe respecta, el sueño europeo duró hasta la penúltima jornada. Sí, Getafe; sí, europeo; sí, penúltima. Y eso es una hazaña que conviene apuntar a Bordalás y sus jugadores, más allá de que moverse en el límite suponga a veces sobrepasarlo. El rival azulón es consciente de ello, por mucho que esta vez lo sufriera. Simeone lo tenía claro: ser segundo era lo primero, la final era lo segundo. Así que todo en orden.


Alberto R. Barbero (As.com)

viernes, 11 de mayo de 2018

Previa Getafe - Atlético

Choque determinante en la penúltima jornada
12/5/18   18.30   Coliseum Alfonso Pérez
Partido importante en el Alfonso Pérez. El Atlético, a 4 días de la final de la Europa League, necesita 4 puntos para asegurar la segunda posición en Liga. Simeone, intentará alinear a jugadores menos habituales para dar descanso a los indiscutibles de la final. El Getafe intentará aprovechar la ocasión para obtener los 3 puntos y aspirar a la 7ª plaza (plaza de Europa League) que ocupa actualmente un Sevilla que tendrá que jugar su derbi. Mucho en juego en la penúltima jornada de Liga.