viernes, 5 de septiembre de 2008

Algo está cambiando en la Premier

Por Ariete
Esta semana han dimitido Alan Curbishley y Kevin Keegan, managers del West Ham y del Newcastle respectivamente. Dos dimisiones de dos entrenadores cuando sólo se llevan disputadas tres jornadas de liga en la Premier no es algo normal.

En el fútbol inglés el trabajo de entrenador significa algo más que preparar física y técnicamente a los jugadores y elegir once para que disputen el partido correspondiente. El puesto de manager significa que éste planifica la plantilla con una libertad casi total dentro del presupuesto que maneja el club. Decide sobre las altas y las bajas de forma casi absoluta. Al menos así era antes.

Sin embargo, estamos asistiendo a un cambio de estas normas. Cada vez más presidentes-propietarios recortan las funciones en este campo a los managers y deciden ellos a quién se ficha y a quién se traspasa. De esta forma la figura del manager se asemeja más a la idea que en España tenemos del entrenador. Aquí, generalmente, da su opinión y realiza sus peticiones pero quien corta realmente el bacalao es el presidente.

Esta nueva forma de proceder de algunos presidentes-propietarios no convence a determinados managers, como Curbishley y Keegan, que prefieren dimitir a tragar con algo a lo que no están acostumbrados y en lo que no creen. En estos dos casos la política de fichajes de sus dirigentes no concordaba con sus ideas.

A Curbishley le traspasan a Anton Ferdinand y a George McCartney al Sunderland, dos baluartes de su defensa. Pese a comenzar bien la liga con dos victorias en tres partidos no ha aguantado en el cargo. A Keegan le ha pasado tres cuartos de lo mismo. Traspasan a Milner, uno de sus jugadores con más futuro, al Aston Villa y le traen a dos jugadores que no quería como Xisco, delantero del Deportivo, e Ignacio González, medio cedido por el Valencia. Así se entienden las declaraciones de KK después de desvincularse del Newcastle cuando afirmó: "Mi opinión es que un técnico debe tener el derecho a dirigir, y los clubes no deberían imponer a ningún entrenador un jugador que no quiere".

A mí personalmente no me gusta este cambio. Si siempre hubiera sido así quizás el Liverpool que ahora conocemos no hubiera sido posible si al gran Bill Shankly no le hubieran aguantado en el cargo las cuatro temporadas que necesitó para sacarlo de la segunda división, o el Manchester United no sería lo que es si Matt Busby no lo hubiera dirigido de 1945 a 1969 (ganando su primera liga en 1952) o el Arsenal quizás sería uno más del montón sin Herbert Chapman que lo entrenó desde 1925 hasta 1934 (año de su muerte) y que no conquistó un título de liga hasta 1931 (después cayeron varios seguidos).

Estos son sólo unos ejemplos de un modelo de fútbol que cree, o creía, en una forma de hacer las cosas basada en el trabajo, la continuidad y la confianza. Sin todo ello las grandes historias de Bob Paisley en el Liverpool o los actuales Arsène Wenger en el Arsenal y Alex Ferguson en el Manchester United quizás nunca habrían existido.

¿No estará este nuevo modelo, que parece implantarse en muchos clubs de la Premier, impidiendo el nacimiento de nuevos Shankly, Busby, Chapman, Paisley, Wenger o Ferguson?

1 comentario:

Jony dijo...

Es una pena, pero es cierto.