jueves, 17 de diciembre de 2009

Aprendiendo a amar la Europa League. Capítulo 1: El destino



Comienzo aquí un serial que espero tenga muchos capítulos sobre nuestro flirteo con la hermana pequeña de la Champions League.

Como en cualquier otra relación personal, los primeros pasos son los más difíciles. Quizá la relación entre el Liverpool F.C. y la Europa League esté condenada al fracaso antes de nacer, al fin y al cabo vienen de mundos diferentes. Él es el miembro más respetado de la alta nobleza británica (aunque en los mentideros se comenta que sus arcas no rebosan oro como antaño), y ella es una joven deshonrada por los acontecimientos acaecidos en su familia en los últimos años, hecho que le ha llevado incluso a cambiar su nombre para desvincularse del pasado reciente de su estirpe. Durante años era habitual que aquellos que habitaban la primigenia casa familiar del fútbol europeo fueran los mismos que, haciéndose grandes a su vez, hicieron de ella el lugar donde se llevaba a término el mayor espectáculo jamás conocido. Hoy, sin embargo, gracias a las gestiones de un francés que jugó en Italia y ahora vive en Suiza y cuyo nombre voy a obviar porque va ganándose día a día un sitio destacado en los altares de la inexistencia, por los pasillos de esta gran casa comunal caminan algún que otro pequeño advenedizo que ni siquiera había hecho méritos para haber traspasado el umbral de la misma.

Este hecho ha permitido que en el hogar de su hermana pequeña acudan de visita los grandes caballeros de la aristocracia europea. Ella está encantada con el nuevo escenario pero sabe que no debe volver a fallar a la hora de escoger al afortunado con el que compartir la eternidad si no quiere regresar al anonimato.

Este viernes, en las frías tierras helvéticas, tendrá lugar el acontecimiento que marcará definitivamente las posibilidades de éxito (o no) de esta relación incierta que nace henchida de prejuicios por parte de aquellos que sonríen maliciosamente desde la acera de enfrente, murmurando por lo bajo maledicencias sobre un vínculo apenas comenzado, conspirando en la medida de sus escasas capacidades a favor de un fracaso que ellos anuncian cual maruja agorera y que nunca ha de llegar a consumarse porque los emparejados sólo conocen la senda de su antónimo: el éxito.

Y si bien es cierto que, en muchas ocasiones, el desengaño persigue sonriendo a la ilusión, también es verdad que la mayoría de las veces el camino es más bello que el llegar, así que nuestro destino en este curso futbolístico es disfrutar de cada uno de los pasos que ha de conducirnos a la conquista de esta primera Europa League… ¿o acaso se ha de esperar otra cosa de nosotros?... No, yo creo que no… eso se lo vamos a dejar al club de los mediocres… ¡y que sigan murmurando en las esquinas!

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