domingo, 6 de febrero de 2011

EL ESTIRON DEL NIÑO

A Nando, un chico tímido y hogareño, le gustaba dar paseos por el Albert Dock de Liverpool y quedar con Pepe Reina para montar barbacoas, pero ahora ha decidido mudarse a Londres. El Chelsea le pagará 190.000 euros. Por semana 
Nando tragaba saliva. No podía parar quieto. Aterrorizado, daba vueltas por el salón de su casa mientras su cerebro hervía en un caldera llena de apóstrofos, palabras imposibles, interjecciones y genitivos sajones. Su novia, Olalla, lo miraba entre curiosa y divertida. Era ya noche cerrada. El tiempo apremiaba. Y, de pronto, Nando se decidió.
Fernando José Torres San (Fuenlabrada, 1984) había aterrizado en el aeropuerto John Lennon de Liverpool apenas unas semanas antes, en pleno verano del año 2007. El club de fútbol local había decidido vaciarse los bolsillos para fichar por 36 millones de euros a la estrella más refulgente del Atlético de Madrid. Mientras los agentes, abogados y directivos discutían los últimos detalles del contrato, confinaron a Fernando en un piso inhóspito, en una de las torres más altas de la ciudad. No podía salir de allí hasta que se cerrara el acuerdo. Para que entretuviera la espera, le entregaron varios libros, vídeos y deuvedés con la historia del Liverpool Football Club.
En aquellas cuarenta terribles horas sentado frente a la televisión, Fernando Torres aprendió dos cosas: que su nuevo equipo era una legendaria sociedad deportiva, con un estadio mítico y una afición cantarina; y que no tenía ni repajolera idea de inglés. Le pareció que todos los británicos hablaban a mil por hora y que además se comían las palabras, como si tuvieran hambre atrasada de vocabulario. Al joven Nando, que entonces tenía 23 años, eso le sorprendió mucho. Creía que iba a poder defenderse mejor. Había estudiado (y aprobado) inglés en la ESO, pero pronto descubrió que aquellas obtusas reglas gramaticales que había tenido que memorizar no le servían de nada.
Aunque el Liverpool estaba entonces lleno de españoles, Rafa Benítez, el entrenador, había impuesto el inglés como idioma exclusivo en los entrenamientos. En una ocasión pilló al portero Pepe Reina hablando en castellano con Fernando Torres: el técnico los amonestó severamente y amenazó con separarlos. El delantero madrileño, que siempre fue tímido, apenas se atrevía a abrir la boca en el vestuario: no sabía cómo decir las cosas y, para colmo, cada vez que, un poco a trompicones, se animaba a soltar alguna frase, su amigo Reina empezaba a pitorrearse y los compañeros le secundaban entre carcajadas.
El club, que no se había gastado un pastón para que su flamante ariete naufragara por cuestiones lingüísticas, le puso un profesor, Rob, para que fuera a su casa, en el barrio residencial de Woolton, y le diera clases particulares. Además, Fernando Torres cogió los episodios de 'Friends', serie que le apasiona, y se los fue viendo uno por uno, en versión original. Animado por Rob, el madrileño abría todos los días el periódico local, se detenía en los anuncios por palabras, buscaba un lápiz y se ponía a llamar por teléfono: pedía precio por un coche usado, se informaba sobre las características de un apartamento, consultaba los horarios de un autobús... Hasta que un día, cuando se vio un poco más suelto, quiso enfrentarse a la prueba más dura de todas. La prueba definitiva.
Por eso aquel día de otoño estaba Nando tan nervioso. Por eso daba vueltas por la habitación. Por eso Olalla lo miraba entre curiosa y divertida. Fernando Torres, que ya había marcado goles en Anfield, que ya había rendido a la afición roja, que ya había merecido titulares elogiosos en todos los tabloides, afrontaba ahora el mayor reto de su vida cotidiana en Liverpool: encargar la cena. Así que, tembloroso, descolgó el teléfono, marcó un número y, casi balbuceando, pidió un par de platos. Le replicaron algo y él respondió. El camarero motorizado llegó minutos después. Tocó el timbre y entregó el pedido. Nadie recuerda bien qué trajo, ni si estaba bueno, ni si se correspondía exactamente con lo que Nando y Olalla querían comer. No importaba. Torres sintió que aquella barrera formidable que le estaba amargando la vida comenzaba por fin a ceder.
«He sido muy feliz»
Tres años después de aquel episodio iniciático, convertido ya en políglota, Fernando Torres vuelve a hacer las maletas. El Chelsea ha pagado 58 millones de euros por él, la cantidad más alta jamás invertida en un jugador español. Nando ya ha tenido que instalarse en Londres, sede del equipo azul. Con él viajan su mujer, la gallega Olalla Domínguez, y sus dos hijos: Nora, de año y medio, y el recién nacido Leo.
La oferta londinense era difícil de rechazar. Fernando, aquel chaval de Fuenlabrada rubito y pecoso que se devoraba los dibujos animados de 'Oliver y Benji', ganará 190.000 euros por semana. Un sueldo inconcebible que, sin embargo, quizá no alcance para pagar la nostalgia. «He sido muy feliz en Liverpool», reconocía el pasado viernes, en su presentación como nuevo jugador del Chelsea. Su adaptación al fútbol inglés fue inmediata, se convirtió en el ídolo de The Kop -la muchachada más animosa de la grada de Anfield- y, superados sus problemas con el inglés, llevó una vida pacífica y hogareña.
Fernando Torres jamás podrá escribir una guía del Liverpool nocturno y canalla. Al Niño ('The Kid' para los ingleses) le gustaba dar largos y tranquilos paseos por el Albert Dock, un pintoresco muelle fluvial, y organizar barbacoas en su casa. Llamaba a Pepe Reina, su compañero y vecino, y al donostiarra Mikel Arteta, centrocampista del Everton, el segundo equipo de la ciudad, y pasaban las veladas gastándose bromas y jugando, chicos contra chicas, al 'Party'.
Al poco de instalarse, Torres quiso aprovechar su amplio jardín para celebrar una comida con sus colegas españoles. Esas citas eran muy esperadas por toda aquella ilustre colonia de emigrantes: nadie sabía cómo el ariete madrileño, poco amigo de la gastronomía inglesa, podía conseguir tantos y tan sabrosos manjares españoles. A veces había incluso marisco gallego. Hacía fresquito, pero lucía un sol hermoso. De pronto, justo cuando atacaban los primeros platos, una nube traicionera cubrió el cielo y empezó... a nevar. «¡Está nevando!», repetía el delantero madrileño, anonadado. Ahí conoció el verdadero rostro del clima inglés. Entonces decidió aprovechar el garaje para los guateques y dejar su coche, un Audi Q7, a la intemperie. Aunque en invierno tuviera que levantarse media hora antes para, bien abrigado, quitar el hielo del parabrisas.
La vida da ahora un nuevo giro para Torres. Sus amigos (la cuadrilla de la infancia, el futbolista canario Jorge Larena o el cantante Dani Martín) saben que tienen nueva casa en Londres. El Niño los necesitará. Afronta el mayor reto de su carrera. «Tiene carácter y parece que lleva coraza, porque es capaz de asumir una gran presión, pero no es así», resume Abraham García, su entrenador en los juveniles del Atlético y el técnico que más le ha marcado. «Es un chico estupendo -remacha-. Humilde y detallista» 
fuente: .

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3 comentarios:

daviniaaa dijo...

Muchas gracias por dejar esto, me ha encantado y por otra me ha vuelto a entristecer :( todo lo mencionando referente al liverpool puff yo era de las que quería que siguiera ahí :(...

Pero bueno seguramente en un tiempo habrá cosas que contar de Londres no dudo que también pase momentos inolvidables ahí.

Tengo claro que aquel chico humilde y tímido siguen estado ahí, haciendo vida hogareña con su mujer y sus dos niños, eso si que no va a cambiar.

miguel dijo...

davinia : todos los que de verdad sabemos como es el niño , somos concientes de que a sido dificil para el todo lo que a pasado , pero personalmente creo que su decision es la mejor que a podido adoptar y solo las personas con gran caracter toman decisiones valientes en momentos dificiles , y ese es fernando torres , saludos

daviniaaa dijo...

Si no digo que no, pero me sigue entristeciendo no lo puedo evitar, supongo que es pronto aún ya se me irá pasando.