martes, 27 de noviembre de 2012

El suspiro de "The Kid"



El 20 de Marzo de 1984 nacía en Fuenlabrada (Madrid) Fernando José Torres Sanz, más conocido como Fernando Torres. “El Niño”. “The Kid”.

Se crió desde pequeño a las orillas del Manzanares, donde su sangre se tornó rojiblanca. Allí vivió, jugó y creció. Ascendió con su Atleti desde el pozo en el año del infierno y su club le dio la alternativa en primera división un uno de septiembre del 2002, nada menos que en el  Camp Nou. A base de goles y carisma, se convirtió en el icono salvador de un equipo en pleno auge tras haber probado el sabor amargo de segunda división.

Pero la alegría colchonera no duraría mucho. En el 2007, desde las islas británicas, Rafa Benítez se percató de que una estrella había nacido y le reclamó para su “Spanish Liverpool”. La mareante oferta de 36 millones de € junto con el sueño de triunfar, hizo que el 9 rojiblanco hiciera las maletas y tiñera de rojo completamente su camiseta.

Nadie esperaba, cuando llegó a Liverpool, que aquel chico con cara bonita escondía bajo ese enjambre de pecas, la sonrisa del gol. Y fue  allí, en la tierra de los Beatles, donde “El niño” se hizo hombre, y  comenzó a forjar su leyenda.

Rafa Benítez encontró la clave que le hizo despuntar. Un juego alejado del área rival, con espacio para correr. Arriba, el recién llegado, de figura estirada y gran zancada. Cada balón a la espalda de la defensa, era una invitación al gol para Torres.

Cada partido que disputaba con los “reds” servía para batir un nuevo récord. De la noche a la mañana se convirtió en el único jugador del Liverpool desde el mítico Robbie Fowler en marcar más de 20 tantos en una misma temporada en la Premier League  (llegó a anotar un total de 24 en liga, sumando la friolera de 29 en todas las competiciones)

La afición encontró su nuevo ídolo en un equipo que contaba con jugadores de la talla de Steven Gerrad. En cada campo que visitaban los hombres de Rafa Benítez, los hinchas del Liverpool entonaban a viva voz la canción de “The Kid”,bajo el estribillo de “Fernando Torres, Liverpool number´s 9..”

Los años pasaban en dulce entre goles en Liverpool, y no era menos en la selección nacional. Titular indiscutible, Fernando Torres encontró su culmen futbolístico en la final de la Eurocopa 2008, donde anotó el único gol del combinado español frente a la poderosa Alemania, otorgando de esta manera a su país el tan ansiado título de Campeones de Europa.

Allí estaba, en lo más alto, aquel chico que un día salió del Vicente Calderón con destino Liverpool. “El Niño” de un club, de un país, de una afición. “El Niño” del fútbol.

Pero, sin saber como, la estrella se apagó.

Las lesiones minaron las piernas de la zancada interminable. Los músculos que habían hecho temblar a las defensas de medio mundo, dejaron de funcionar. La rodilla del goleador “red”, se rompió.

El punto de inflexión llegó en el mundial de Sudáfrica, donde el delantero forzó para llegar, y llegó, pero no apareció.

Su traspaso multimillonario al Chelsea, por un total de 50 millones de €, parecía ser el revulsivo emocional necesario para despertar de nuevo a la bestia que Torres llevaba dentro. Pero quizás fuera precisamente ese precio, esa escalofriante suma de dinero, la que pesó como una losa en la espalda del jugador que cambió el rojo por el azul, que pasó de héroe a villano, pero que no brilló más.

Le faltaban minutos y cuando había minutos, faltaban los goles. Las ocasiones que antes entraban, ahora se marchaban muy lejos del arco rival.

La presión pudo con “The Kid”. Los rumores de su decadencia aumentaban la incertidumbre de una posible venta del jugador. Villas Boas se fue, y llegó Di Matteo. Con él, Torres cogió la confianza perdida, pero no fue suficiente. El delantero cerró con su gol la victoria frente al F.C. Barcelona en semifinales de la Champions, pero comenzó viendo la final desde el banquillo.

Así, los blues, han empezado una temporada más con un juego ramplón, y sin Drogba, el peso del ataque es para Fernando. Hasta ahora, el ariete seguía sin encontrar su hueco en el equipo, pero el destino es caprichoso.

Fruto del azar o de los hilos de algún titiritero, Di Matteo se ha ido, y para sorpresa de muchos, Rafa Benítez ha ocupado su sitio en el banquillo de Stanford Bridge. El entrenador que sacó lo mejor del “Niño” en Liverpool, ha regresado para intentar alzar a su viejo pupilo nuevamente hasta lo más alto.

El fútbol ha concedido a Torres un suspiro, un soplo de aire fresco, un nuevo estímulo para volver a ser el que un día fue. Dicen que la vida, en ocasiones, da segundas oportunidades.

Abramovich ha dado a Torres, de la mano de Benítez, la oportunidad. Ahora, está en sus botas la capacidad para aprovecharla.


Iker Andrés Arroyo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues con lo último que se está leyendo no sé que pensar. ¿Qué opináis vosotros? ¿Golpe de efecto o principio del fin?

narfb dijo...

Golpe de efecto sin duda.
Torres ha perdido rendimiento por el estílo de juego, y estoy seguro que Benitez sacará rendimiento al equipo empezando por explotar lo mejor de cada jugador y no centrandose en querer jugar solo de una forma determinada.