miércoles, 3 de julio de 2013

El Niño de Nunca Jamás

Cuenta la historia que el escritor escocés James Matthew Barrie creó un personaje ficticio al que no le gustaba crecer. Él, era un joven intrépido y atrevido que peleó contra viento y marea para derrotar a los malvados piratas que no le querían en su mundo. Se llamaba Peter Pan, y para él, nunca es demasiado tiempo.

El protagonista de nuestra historia no es de ciencia ficción. Es real. Tan real como la vida misma. Su nombre es Fernando Torres, pero un buen indio, cuando sólo tenía diecisiete años, le apodó 'el niño'.




Criado en la orilla del Río Manzanares bajo un enorme peto que le diferenciaba del resto como recogepelotas, el joven Fernando ha vivido constantemente en esa lucha entre mente y corazón. Por un lado, incapaz de crecer y de alejar esos sentimientos tan profundos hacia el color rojiblanco. En otro lado, esa marcha que le hizo crecer como un adulto, triunfar con un tenor, y saborear los palos que el destino y el ser detestable han estado constantemente incidiendo sobre él.

Su vida, contraria a la de Peter, ha sido una carrera de relevos a marchas forzadas. O creces con la experiencia y maduras con las decepciones, o te quedas en tierra. Parafraseando a la película de Walt Disney, ''cuando se atisba un resquicio de felicidad siempre hay alguien que quiere destruirlo''. Podría ser la frase lapidaria de la vida de este futbolista.

Un chaval que cambió los juguetes y se puso el disfraz de héroe casi a la velocidad que marca el gong de una campana china. Sin la mayoría de edad todavía reluciendo en su carné de identidad, supo ponerse la mochila de un club como el Atlético de Madrid a la espalda. El peso de la magnitud que ella contenía no le impidió saltar para marcar su primer gol en una plaza de Albacete ni aupar al equipo de sus amores lejos de un infierno que empezaba a quemar más de la cuenta.

Pero además del peso de un equipo casi centenario, esa mochila estaba infestada de trofeos. Máximo goleador del Campeonato Europeo Sub-16 de la UEFA de 2001. Mejor jugador del Campeonato Europeo Sub-16 de la UEFA de 2001. Máximo goleador del Campeonato Europeo Sub-19 de la UEFA en 2002. Mejor jugador del Campeonato Europeo Sub-19 de la UEFA de 2002

Ya en el lugar que tanto él como su equipo merecían, el bueno de Fernando sobrevivió a tormentas en forma de jugadores que serían incapaces de controlar un balón raso entregado por Zidane o de rematar una falta sacada por David Beckham. Luchó, como lo hacen los más grandes, contra todos los elementos para intentar hacer a su Atleti campeón. Su propia afición, esa de la que él formaba parte, le puso contra las cuerdas un 20 de mayo de 2007, cuando el Vicente Calderón, su casa, parecía el Camp Nou teñido de otros colores. Vio un lugar que no era el suyo. Ni en el verde, ni en el campo, ni en el palco, entendían lo que este joven trataba de refrendar con su sudor y su esfuerzo.

Decidió hacer las maletas e irse de Erasmus a aprender inglés le pareció la mejor opción. En la tierra de Los Beatles, cruzó, como cruzaron los reyes del pop Abey Road, a paso lento pero con ritmo, desde la acera de la soledad a la calle de la conquista. Él se lo merecía.

Allí era adorado. En las islas británicas, con perdón de Isabel II, se sentía el Rey. La valoración que ahora echa en falta, por entonces la tenía hasta en la sopa. Recuerdos de una noche de verano entre medias, clavó la bandera española con un gol a todo un país, Alemania, muy propio de Torres. Con pundonor, con entrega, con velocidad, y con calidad. España entera salía a la calle para festejar aquella gesta que vino de la mano de su padre futbolístico. Con el que se crió siendo un enano, y con el que se doctoró en la Universidad del fútbol.

Pero en la vida de este muchacho no todo es de color de rosas. Un golpe de suerte en forma de rodilla lastimada, hizo que el niño que voló hasta la cima con polvos mágicos de las hadas del balompié, cayese en picado al océano de la realidad, el engaño y la hipocresía.

Cambió Liverpool por Londres, y con eso, cambió todo. El Fernando que fue tercer mejor jugador del mundo en 2008, según entrenadores, jugadores y periodistas, de pronto, dos años después, se había reencarnado en Prosinecki. Un perdedor y tuercebotas que se pasó la vida rematando a la red centros de Peter Luccin o Kizito Musampa, pero que ahora, como les pasaba a sus compañeros, no recibiría esos caramelos de Zidane.

Palabras hirientes en forma de cuchillos por la espalda, flechas envenenadas con aroma a columnas periodísticas, mofas de rivales - y propios aficionados - con sabor a decepción. El niño que había crecido, de pronto se convirtió en el objeto de burla del mundo que poco antes tenía a sus pies.

Cuando uno adquiere un poco de fama, la gente le observa, y todos buscan el modo de hundirle. Y la fama del madrileño era evidente. Su precio, tasado por Abramovich en 60 millones, fue una losa más a esa mochila en la que los compartimentos entre alegrías y decepciones estaban a punto de explotar.

Y explotaron. Pero gracias a la consecución de un mundial en 2010, una FA Cup, una Champions League y otra Eurocopa en 2012 y una Europa League en 2013. Porque salvo sus fieles, el mundo le dio la espalda. Y se perdieron a ese niño feliz que él siempre fue. Al adulto disfrutando con sus nuevos juguetes con forma de trofeo. Y a ese futbolista que, con sacrificio, se ha vuelto a ganar la confianza de quien la perdió, y está viviendo con una sonrisa en la cara su estancia en Brasil, donde en 2014 quiere cerrar un círculo.

¿Su error? Quizás ser del Atlético de Madrid de corazón. Lo mismo, negar hasta tres veces vestir de blanco en la misma ciudad que el equipo de su vida. O lo mismo, ser un niño que no quiere crecer, pero que irremediablemente lo ha hecho, porque ''el tiempo nos acaba cazando a todos''. Es el niño de Nunca Jamás. Por lo que NUNCA JAMÁS vuelvan a dudar de él

Artículo de IMANOL ECHEGARAY
Blog enrojoyblanco1903





5 comentarios:

Lupita Mendoza dijo...

"EL NIÑO DE NUNCA JAMAS" creo que es una historia bastante parecida a la que ha vivido Fer Torres en su carrera, pero no olvidemos destacar el lado positivo de Peter Pan o en este caso del niño Torres, SIEMPRE ha tenido ahí a sus hadas (Torristas) que estarán con el, en las buenas y en las malas. Además Peter Pan al final acaba venciendo a los piratas en este caso Torres siempre acaba callando bocas:)
Gracias.

daviniaaa dijo...

Me ha gustado tu comentario!!

Lupita Mendoza dijo...

:D gracias.

Anónimo dijo...

Buen artículo y buen comentario.


Larry

Anónimo dijo...

Me ha parecido un relato la mar de bonito!! ;) Y realmente fue así. Yo lamento no haber estado ahí cuando el jugaba en el Atleti, pues empecé a fijarme en él cuando ya estaba en el Liverpool y la fama le llenaba de portadas en el AS o SPORT. Lo lamento, lamento no haber podido estar "con él" des del inicio, pero des de que lo vi jugar y la manera que tiene de ser, supe que pasaría a ser, para el fin de los tiempos, mi jugador ESTRELLA! :)