martes, 17 de febrero de 2015

Mi momento con Torres


Esta es la historia de una niña Torrista de 12 años de Pamplona contada por su padre

Era el 29 de junio de 2008, Myriam contaba con poco menos de cinco años y medio, cuando España jugaba la final de la Eurocopa frente a Alemania.
Con toda la familia, Myriam se sentó en la terraza de un bar de Calafell, rodeada de españoles y también de alemanes.
El ambiente era inmejorable, un camarero de origen chino llevaba una camiseta de España con el 9 y el nombre de Torres a la espalda. De vez en cuando se ponía donde la tele con la camiseta y los españoles allí reunidos aplaudíamos vitoreando a Torres.
Fue ese día el que Fernando hizo felices a los españoles con su célebre gol frente a los germanos, dándonos el título de campeones.

Ese mismo día, Myriam , que pocos meses después comenzaría a jugar en la escuela de fútbol de la fundación Osasuna , empezó a seguir a Fernando, a fijarse en él en cada partido y preguntar en cada encuentro que este jugaba, si había o no metido gol.
Ese mismo verano, ya tenía en su armario la camiseta del Liverpool con el 9 a la espalda y el nombre de Torres.
El Liverpool se convirtió en su equipo, le gustaba ver los resúmenes de los partidos por internet y los goles de Torres.

Llegó el mundial de 2010 y cada vez que Fernando salía con España, ella era su más ferviente seguidora. Para esa época ya tenía la camiseta de “la roja”, como no podía ser de otra manera, de Torres y con su 9.
Cuando salió en la prórroga de la final, cuando tocó el balón segundos antes de recibirlo Iniesta ella estaba ahí, celebrando el gol con la camiseta de España en Pamplona.
Torres se marchó al año siguiente al Chelsea, y empezó a reclamar la camiseta azul de Torres.
Ella en su club, Lagunak, empezó jugando con el 11 a la espalda, porque al entrar en el equipo, en el que era la única chica, el 9 “ya estaba cogido”.
Con 8 y 9 años empezó jugando de defensa, pero a ella lo que le llamaba era jugar arriba. Solo su disciplina de equipo le impedía dejar su puesto e irse hacia arriba. A pesar de ello, consiguió algún gol en esa etapa.
Mientras ya tenía tanto la camiseta azul del Chelsea como la azul reserva de España, como no podía ser de otra manera, con el “Torres 9 “a la espalda.

Seguía viendo los goles de Torres, soportando las bromas de sus compañeros, que en parte para “picarla” y en parte por la mala racha de Torres con los Blues , le tomaban el pelo. Eso parecía espolearla para reafirmarse en su “amor” por Fernando y de su forma de ver el fútbol.

En verano de 2012, de nuevo España se aupaba con la Eurocopa, y de nuevo en la final Fernando Torres metía un gol, de los 4 que le hicimos a Italia.
Myriam calló muchas bocas ese verano, cuando con sus camisetas de Fernando Torres alguien intentaba decirle algo sobre su ídolo.
Ningún jugador español había marcado en 2 finales de la Eurocopa en toda su historia, excepto Fernando Torres y eso era irrebatible.

Con 10 años ya pasó a jugar en un equipo de fútbol femenino, esta vez lo consiguió, el 9 fue el número elegido y los entrenadores vieron que sus cualidades también invitaban a ponerla de delantera, al tener más espacios.
Cada vez estaba más cerca de Torres, su número, su puesto, sus camisetas…

Myriam jugaba en un equipo formado por niñas de 10 años, como ella hasta los 15.
Las defensas rivales se sorprendían al ver a una pequeña con el 9 a la espalda que no les llegaba ni al hombro enfrentarse a ellas por un balón.
Ella seguía viendo vídeos de Torres, seguía aprendiendo de sus desmarques, de su forma de ver el fútbol, de su forma de comportarse en el campo, con humildad y profesionalidad.
Sin destacar por sus actitudes, sino por su juego, era su espejo, y lo sigue siendo.

Cuando llegó el mundial, llegó también la camiseta negra de España, con el sempiterno 9 de Torres.
Delante de la pantalla, pese al fiasco de toda la selección de ese campeonato, celebraba el gol que marcó Fernando contra Australia.

Esa temporada Fernando marchó cedido al Milan, y Myriam pidió a los Reyes la camiseta rossonera de Torres, pero mientras tanto Fernando volvió a casa, aunque el regalo ya estaba en camino, junto con la blanca de segunda equipación. No le importó, eran de Torres.

Por suerte para ella, el 28 de enero es su cumpleaños y de nuevo recibió la camiseta que le faltaba, la colchonera con el 19 a la espalda.
Ese 31 de enero, estrenaba la camiseta para ir de Pamplona a Éibar a ver a Torres. En Éibar no había entradas, pero con su padre esperó a acabar el partido, cuando lo vio salir hacia el autobús, a tan solo un metro de ella se le dibujó una sonrisa que no se podría pagar ni con todo el dinero del mundo.
Por fin había visto a Fernando de cerca, habían sido unos segundos, pero para ella fueron los segundos más felices de su vida.

Ahora solo le queda conseguir verlo jugar en vivo, mientras tanto se irá poniendo cualquiera de sus 8 camisetas con el nombre de Fernando a la espalda.






1 comentario:

Anónimo dijo...

bonitas las historias de los mas peques que son de Torres