sábado, 19 de marzo de 2016

Sporting 2 - Atlético 1

El Atleti paga la prórroga
DERROTA CON UN ONCE ALTERNATIVO Y TRAS ACUSAR LOS 120 MINUTOS DEL MARTES. EL SPORTING FUE SUPERIOR Y REMONTÓ




Algún día tenía que pasar. Fiarlo todo a la defensa de un resultado mínimo tiene precisamente ese peligro: que es mínimo. Fue confirmarse la derrota del Atlético y tirarse a la yugular oportunistas de todos los colores, incluidos los rojiblancos, anunciando el final del mundo tal y como Simeone lo concibe, cuando lo cierto es que un cuarto de hora antes el partido parecía absolutamente controlado del lado visitante. Luego pasó lo que pasó, entre otras cosas porque el Sporting está dispuesto a todo menos a rendirse, pero es que algún día tenía que pasar. Y atenuantes había esta vez, por antipopular que resulte admitirlo ahora.

Lo que sucedió sobre el terreno de juego es que Juanfran concedió una falta y que Sanabria la puso en el palo, lo que, aunque sólo fuera por el sobresalto general, devolvió al Sporting a un encuentro en el que dominaba porque no le quedaba otra, pero en el que, tal y como les ha pasado a tantos, no encontraba modo de meter la cuchara. El posterior acoso derivó en nueva infracción, ésta de Kranevitter, que fue precisamente el que, ante la inexplicable desaparición de Filipe, ahora estoy en la barrera, ahora he dejado de estar, puso la pierna floja para desviar lejos de Oblak el nuevo disparo del paraguayo.

Con el empate hirvió El Molinón y con el Atlético intentando echarse hacia arriba una contra retó a Giménez otra vez con Sanabria. Para desgracia visitante el uruguayo se rompió en esa carrera, de modo que el delantero local se quedó sin rival para regalar a Carlos Castro un pase que sólo podía ser gol y que acabó en el larguero, prorrogando apenas unos minutos el desenlace fatal para la escuadra del Cholo, a la que, jugando ya con diez, volvió a romper el Sporting por la izquierda para que, esta vez sí, el canterano tuviera ocasión de deshacer el entuerto. Lo de Castro más que alegría fue alivió. Lo de sus compañeros y el estadio fue alegría pura y dura. La del que sobrevive. La del que seguirá peleando.


El Sporting, de hecho, acababa de conseguir lo que nadie había conseguido en esta Liga con el Barça como excepción que confirma la regla: hacer dos goles a Oblak. Mientras Gijón festejaba, Simeone continuaba el partido en sala de prensa: ante el clamoroso silencio de su club, el técnico decidió gritar a los cuatro vientos de una vez que lo de los horarios es una vergüenza. El once lo hizo él y no se jugó bien, sí. Los cambios fueron decisión suya y el equipo no salió beneficiado, también. Debió hablar antes y no después, puede. Pero tiene absolutamente toda la razón en su discurso por más que lo adornara de ironía. ¿No se podía jugar el domingo? ¿Tanto aprieta China para ver al Atlético?

Cada vez más atrás
Saúl quería tirar la falta que le acababan de hacer, o eso pareció desde fuera. Segundos después, cuando la pelota llegaba a la red tras saludar de cerca a la escuadra, Saúl no tenía otra que agitar la muñeca valorando el disparo de su compañero. Nada hay que reprochar a un tipo que te niega el lanzamiento para ponerla donde la puso Griezmann. Se colocaba por delante el Atlético antes de la media hora, escenario que de hecho favoreció el repliegue ya observado desde el arranque: Kranevitter como ancla, Correa y Griezmann tirados a banda y todos a bascular, tanto da que sea el penúltimo de la tabla el que esté enfrente esta vez. El equipo rojiblanco para eso trata exactamente igual todos sus partidos: no hay rival que no merezca una buena defensa.

El Sporting no tuvo ocasiones en el primer acto más allá de dos saques de esquina bien gestionados pero sin resolución. El Sporting hasta que se desataron las hostilidades apenas tuvo ocasiones en el segundo acto más allá de una buena maniobra de Sanabria dentro del área. Abelardo envidó con Carlos Castro para reforzar el ataque, pero por momentos su equipo notó la desesperación propia del que apenas puede permitirse ya error alguno. Rascaba la muchachada de la casa, en fin, pero eso no parecía acercar el gol.

El Atlético se diluyó, conviene dejarlo claro. Cada vez más atrás, cada vez más atado a la ventaja, cada vez más expuesto y sin que los cambios lo beneficiaran esta vez, terminó marchándose por el sumidero de un partido que poco afecta a su objetivo del podio pero que en todo afecta al de soñar aún con lo de arriba. Simeone había renovado su once, pero lo hizo prescindiendo de imprescindibles. Algún día tenía que pasar y ayer lo único Premium fue el Sporting. No el horario, don Javier, se pongan como se pongan sus palmeros.

Alberto R Barbero  (Marca.com)

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