lunes, 14 de marzo de 2016

Torres: "Si me voy sin conseguir un título, que no sea por no intentarlo"

Fernando Torres habita en el panteón de héroes de un club cuya hinchada se toma estas cosas muy en serio, apasionada y sentimental como pocas. Él lo sabe mejor que nadie, pues fue aficionado del Atlético de Madrid antes que futbolista, lo ha sido durante su carrera y también lo será después. Separación final que quizás llegue en junio, aunque el delantero nacido en Fuenlabrada, que cumplirá 32 años el próximo domingo, solo piensa en el PSV Eindhoven, el rival de Champions de mañana en el Calderón. “El partido importante de verdad”, dice en exclusiva para el diario ABC, es un obstáculo en el camino para la consecución de un sueño: levantar al fin un título con el equipo de sus amores.


¿Cómo llega a ser colchonero un niño que en el colegio está rodeado de compañeros del Real Madrid?
Mi familia, en general, no era muy aficionada al fútbol, no nos sentábamos juntos a ver los partidos. El que empieza es mi hermano mayor, Israel, que tiene siete años más que yo, en un equipo de fútbol sala del barrio. Con cinco años a mí me gustaba más jugar a las chapas y a los muñequitos. No es como ahora, que llevo al colegio a mis hijos y veo que sus amigos me conocen y me tienen en cromos. Alucino. Mi padre es gallego y los años 90 son la época del Súper Dépor, así que tiramos un poco por ahí. Mi abuelo materno, Eulalio, me decía: “Pero cómo vas a ser del Dépor; tú, del Atleti”. Paseábamos por la era en el pueblo (Valdeavero, cerca de Alcalá de Henares), adonde íbamos a pasar los fines de semana, y él me hablaba del Atlético. Tenía un plato con el escudo del equipo y yo le preguntaba: “Abuelo, ¿qué es eso?”, y me contaba la historia, qué significa ser de este equipo, luchar contra la adversidad, defender lo tuyo... Se me quedó grabado. Iba con él al bar a ver los partidos y allí eran todos del Madrid. Me llamaba la atención ver a mi abuelo tan seguro y tan solo defendiendo sus colores. Así que en el cole yo hacía lo mismo que mi abuelo en el bar. Lo curioso es que cuando el Madrid perdía mis compañeros no llevaban la camiseta, no entendía por qué unas veces sacaban pecho y otras no. En el año del doblete, en 1996, yo no me ponía más la camiseta del Atleti porque fuera mejor. Entiendo que a tu equipo hay que defenderlo siempre.

Hizo la prueba con los alevines del Atlético en 1995. ¿Qué recuerdos tiene de sus inicios?
Empecé a jugar al fútbol sala con seis años, un poco obligado por Israel, que quería que lo “entrenara” porque él era portero, así que tuve que ejercer de hermano pequeño. Estuve un año en el Rayo 13 de Fuenlabrada, donde nos dieron la posibilidad de hacer las pruebas con el Atlético. Me acuerdo de todo. De ir, por ejemplo, con el pantalón del Dépor al “examen” en los campos de tierra del parque de las Cruces, al sur de la capital. Hacía mucho calor. Disputamos un partidillo de once contra once durante dos tiempos de veinte minutos, y para casa. En el Rayo 13 todos eran del Madrid y el entrenador me comentó que iba a llevarme a jugar con los blancos. Entonces me crucé con Manolo Briñas, responsable de las jóvenes promesas, y me dijo: “Niño, tú vas a ser jugador del Atlético de Madrid”. No me anunció “tú vas a ser futbolista”, sino “tú vas a ser del Atlético”. Hay momentos en la vida que te marcan, y ese fue uno de ellos.

Con 17 años debuta en el primer equipo, que entonces milita en Segunda división. Fue ante el Leganés y llevó el dorsal 35. Aquel era un momento delicado para el club.
La ilusión por llegar ahí era tan grande que daba igual que hubiera sido en Segunda o en Tercera. Cuando eres cadete o juvenil y alguno de los jugadores con los que has entrenado debuta, como me ocurrió a mí con Cubillo o Antonio López, piensas que ojalá algún día te toque. Entonces no eres consciente de las dificultades por las que atraviesa el equipo.

Después del debut se fue a comer con sus padres tranquilamente, porque no lo conocía nadie. Ahora no puede dar dos pasos por la calle sin que le paren. ¿Cómo lleva la fama?
Te acostumbras, puedes vivir con ello. Hay épocas peores, cuando era más joven y empecé a perder el anonimato, porque siempre me ha gustado hacer una vida tranquila, ir a lo mío, tomar algo en una terraza con los amigos... Que me priven de eso y ser consciente de que va a ser para siempre, o al menos para los próximos veinte años, es duro. Hay días que te molestas, que te enfadas. Ahora es diferente. Pienso que a lo mejor esta persona que me está molestando estuvo en mi presentación, ya lo veo de otra manera. Son muchos años juntos y hemos pasado por muchas cosas.

En Inglaterra la afición es más tranquila en este sentido, los futbolistas disfrutan de más privacidad.
Es un tema cultural, diferente, ni mejor ni peor. Allí los hinchas están menos influidos por los medios, no apareces en los periódicos o en las radios todos los días. En España, si se cruzan contigo, te siguen viendo como un futbolista aunque vayas con tus hijos de la mano. Pero hay que atenderlos en lo posible. He entendido que le debo mucho más a esa gente que ella a mí.

- Cuando se marchó al Liverpool en 2007 dijo que ambos, el club y usted, necesitaban crecer por separado. ¿Regresó en 2015 a un equipo como le hubiera gustado que fuera años atrás?

Pienso que si el Atlético hubiera estado en Primera quizás no habría debutado con 17 años. Es que este es el Atlético real, el de siempre, el que es fiel a su historia, del que presumía mi abuelo. Los diez años que incluyen el descenso, la intervención judicial, las dificultades para fichar, la falta de títulos... suponen un paréntesis. Hay gente que piensa que esa es la realidad del Atleti y lo que estamos viviendo ahora es raro. Pues no, señores, esto es lo normal, lo que pasa es que hemos tenido una década muy complicada. Ha habido más etapas como esta que como la anterior, y para mí vivirla en el campo es un privilegio porque ya lo hice como aficionado cuando el doblete del 96. Ahora ya solo me falta una cosa, que es ganar un título con el Atlético, porque todo lo demás lo he experimentado, grandes momentos, récords personales y hasta desgracias.

¿Es supersticioso o maniático?
Ya no.

¿Y qué pasa con las botas negras?

No me gustan. No sé por qué, pero no es una manía. Lo único que mantengo es no pisar las líneas, algo que me enseñó Luis Aragonés. “Las líneas están para algo, niño, no las pise”. Y le sigo haciendo caso.

¿Se lleva los problemas del trabajo a casa?


Lo solía hacer inconscientemente, ahora no. Tengo hijos y veo las cosas de otra manera. Bueno, hay días que pienso un poco en el partido que he jugado, pero no es lo normal.

¿Y qué hace un futbolista cuando no practica deporte?

El fútbol son unas horas de entrenamiento por la mañana y luego los días de competición, la vida al margen de esto ocupa más tiempo. Disfruto de la familia. Los niños crecen muy rápido y tanto mi mujer, Olalla, como yo estamos muy volcados con ellos.

Ha vivido los momentos más importantes de la historia de la selección española. Si tuviera que quedarse con uno de ellos, ¿cuál sería?

La Eurocopa de 2008. Por muchas razones: fue mi primer título como profesional, el más especial, en el que nadie creía... A Luis le preguntaban los periodistas cómo podía convencerles de que íbamos a pasar de la fase de grupos. Aquello nos unió. Me encanta que haya sido Luis el que haya cambiado la historia del fútbol español. Además, tuve la suerte de marcar el gol de la final. También es inolvidable la llegada a Madrid, algo que no había visto nunca; tenía la imagen del codazo a Luis Enrique o del penalti fallado por Raúl, no la de las calles de la capital llenas desde el aeropuerto hasta la Castellana. Los niños conservan esa imagen, y perder en el Mundial de Brasil les resultó chocante. La Copa del Mundo de Sudáfrica fue muy importante, pero si no hubiéramos ganado en 2008 no habría llegado el éxito de 2010.

En junio acaba su contrato con el Atlético. ¿Qué puede contar de su futuro?
Espero estar listo el martes para el PSV. Lo más importante es pasar en Champions y todos mis pensamientos se centran en eso. Hace un mes que empezamos a hablar de mi renovación, la temporada acaba y mi situación sigue igual. Cada día que pasa me hacen ver que lo tengo más difícil. Pero lo que quiero es ganar aquí, es lo que me falta, y si tengo que irme sin conseguirlo, que no sea por no intentarlo. La gente me dice: “Te vamos a querer igual”. Ya, pero es por mí, quiero vivirlo, enseñar una foto a mis hijos con un trofeo ganado con el Atlético. Lo demás no está en mi mano.


Cinco entrenadores clave en su carrera

—Defina a Luis Aragonés.

Mi padre deportivo. Todos los valores que me han llevado ser quien soy me los enseño él.

- Rafa Benítez.

Apostó por mí. Me hizo pensar en el campo. Si le escuchas, vas a mejorar muchísimo. No me ha sorprendido lo que le ha ocurrido en el Real Madrid... porque es el Real Madrid. Si le hubieran dado tiempo, habrían sido más competitivos.

- José Mourinho.

Es un hombre que va de frente. Hay pocos en el fútbol así. No tengo ningún reproche.

- Vicente del Bosque.

La persona perfecta para la transición en la selección. Luis caló mucho y siguen muy presentes en el vestuario sus frases, sus consejos, las palabras de motivación...

- Diego Simeone.

Un ídolo de niño con el que tuve la suerte de jugar y que ha sido clave para mi regreso. Le estaré eternamente agradecido como aficionado, compañero y futbolista a sus órdenes.


M. Á. Barroso y J. Asprón (ABC)

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