domingo, 6 de marzo de 2016

Valencia 1 - Atlético 3

El Atleti no tira la toalla
TORRES Y CARRASCO DECANTARON EL MARCADOR



Simeone. Neville. Un entrenador. Un tipo simpático. Para ganar partidos apuesten por la primera figura. Superada la hora El Cholo se la jugó a todo o nada: Torres por Kranevitter y ahí me las den todas. El mediocentro argentino había sostenido al equipo con una solvencia que invita al optimismo, pero el compatriota del banquillo mascullaba un empate que de poco le valía. Así que tiró del Niño, que no es poca cosa. Poco después Koke la puso desde la esquina, Giménez la peinó y el 9 apareció en el segundo palo para hacer el 1-2 sin que la zaga local considerara necesario atender su marcaje o, ya puestos, a tirar la línea.

El inglés del banquillo hizo poco después la de Jaimito. Torres, que definitivamente andaba travieso, había provocado la expulsión del inoperante Santos, así que el gran Gary optó con 1-2 por sustituir a su central... con otro central. Abdennour era el elegido, pero Mestalla montó en cólera y reclamó a Negredo con energía. Demostrando una personalidad que asusta, el míster local deshizo lo que ni siquiera había hecho aún para introducir al punta en el litigio. En lo que dudaba el Valencia, en fin, Carrasco apareció por la derecha para sentenciar el partido. Simeone. Neville. Y así se explica dónde están unos. Y así se explica dónde están otros.

Hay partidos que no acaban después de que el árbitro pite el final y hay partidos que parecen acabar antes de que el árbitro decrete su inicio. La inesperada baja de Godín invitó al pesimismo rojiblanco mucho antes de que el balón rodara. Hoy imposible, sin él no se puede, pero a estas alturas de la película parece claro ya que el Atlético sólo debe temer una baja: la del tipo del banquillo. Mientras él siga ahí no descarten absolutamente nada. Pongámonos ahora en la piel de los servicios médicos, siquiera sea por un momento: pase usted horas y horas recuperando al uruguayo de una sobrecarga para que cuando esté listo de cara a la batalla una gastroenteritis lo derribe. Gajes del oficio.

Que hacer goles sea su misión principal no quiere decir que sea la única. A los delanteros nos referimos, por supuesto. También pueden recuperar la pelota, léase Vietto para que el Atlético abriera el marcador. También pueden asistir a un compañero, léase Alcácer para que el Valencia empatara inmediatamente después. Griezmann y Cheryshev agradecieron en último término las acciones de sus compañeros, pero de la primera no puede pasar por alto la pérdida de Javi Fuego y de la segunda no puede obviarse la irrupción de Siqueira como una furia. Sí, Siqueira. Definitivamente el Atlético debe revisar el asunto éste de las cláusulas: después del gol de Baptistao en Villarreal, la internada de Guilherme unos kilómetros más abajo.

Lo de Vietto
Había ofrecido el Atlético 25 minutos notables. Haciendo de la necesidad virtud se adueñó de la pelota para que el Valencia no la tuviera, y para que no teniéndola no creara peligro al menos en lo que Lucas se hacía a la titularidad, que se hizo, vaya si se hizo, pero hasta que Griezmann embocó en una acción que pareció pedir más de Diego Alves ya se había observado que a Vietto el balón se le hace bola en lo que al gol respecta. Está bien que opte por caminos secundarios en lo que recupera el principal, pero hay quien duda ya de que alguna vez recupere el principal. Un gol lleva en Liga. Hasta cuatro veces disparó sin malicia en el primer acto.

Tuvo que llevarse ese primer golpe el Valencia para darse por enterado de que se estaba jugando un partido. Apenas una acción entre Saúl y Feghouli reclamada como penalti pero que no lo era había alterado la plácida modorra de Mestalla hasta que la muchachada de Neville se vio por detrás en el marcador. El arreón para empatar dejó incluso resaca en otra jugada con las mismas acciones y protagonizadas por los mismos tipos, dejada de Alcácer, disparo de Cheryshev, pero ésa no tuvo premio y al descanso se llegó con tablas, sí, aunque también con cierta sensación de que al Atlético se le había escapado su momento, que viene a ser el de mantener una ventaja por mínima que sea.

Ni hablar del peluquín, signifique tal expresión lo que signifique. El equipo de Simeone exhibió la misma personalidad para adueñarse del lance más allá de que concediera una oportunidad dentro del área a Paco Alcácer. La respuesta fue inmediata, con un disparo que parecía gol pero que apenas rozó Alves para que se marchara al larguero. Para que no fuera gol, en fin, así que si no lo saben a estas alturas ya tienen en el párrafo suficientes pistas para saber quién había sido su autor.

Luego pasó lo que pasó, que al fin y al cabo es lo que debía pasar atendiendo a la clasificación. Que Simeone hizo el cambio. Que salió Torres. Que Neville deshizo el cambio. Que no salió Abdennour. Que casualidades las justas y que este Atlético huérfano de Godín acabó encontrando al Niño para reafirmarse como lo que es: un equipo maravilloso.


Alberto R Barbero  Marca.com

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