domingo, 25 de septiembre de 2016

Atlético 1 - Deportivo de La Coruña 0

Victoria por insistencia
PRIMERA PARTE ACCIDENTADA CON LAS LESIONES DE AUGUSTO Y GIMÉNEZ



Fayçal, que hacía nada le había hecho una entrada fea y a destiempo a Koke, le hacía ahora otra entrada a destiempo y fea a Gaitán. Gil Manzano se llevó la mano al bolsillo: roja. Un instante después, el silbato a la boca: descanso. Atrás quedaba una primera parte intensa que el Depor había terminado con diez y el Atleti, con dos jugadores en la enfermería.

Con el Bayern en tres días, había rotado el Cholo. En su once estaba Giménez y no Savic, Augusto y no Saúl. Los primeros minutos fueron desordenados. El balón se movía con vértigo. Un robo, cuatro toques y los dos equipos se plantaban en área contraria, buscando grietas en las defensas. Pero decía 22 el reloj cuando todo eso, el fútbol, se detuvo. Decía 22 el reloj cuando el Calderón tuvo un amargo déjà vu: allá donde hace casi un año caía Tiago, ahora a Augusto se le quedaba la pierna derecha anclada, en una jugada con Borges. Cayó el argentino al césped con una mano en la rodilla y, la otra, en la cara. Su gesto de dolor, sus lágrimas, ya contaban que era grave, aunque quisiera pensarse que no. La prueba posterior confirmó: cruzado, siete meses baja. La tarde se ponía fea en el Calderón, aunque siguiera clara, soleada.

En los minutos que siguieron, el Atleti atacó como si todos quisieran marcar para dedicarle un gol. Tres ocasiones, tres uy. Un disparo cruzado de Grizi, un tiro deGaitán que sacó Fayçal bajo palos, un remate de Giménez que se fue alto... En la siguiente pelota que el uruguayo tocaría, el fútbol volvería a detenerse en el Calderón. En un lance con Florin sintió un latigazo en el aductor. Y fue verse su brazo tatuado alzarse y saberse que era grave: no es Giménez de los que abandonan a su equipo en medio de una batalla. Era el 35’ cuando el Calderón veía a otro de los suyos abandonar el césped. También en camilla. También llorando. A Simeone le quedaba un cambio.

El partido se fue enrocando. Una jugada, una falta. Entonces Fayçal hizo sus dos y dejó al Depor con diez. En la primera pelota que el Atleti tocó en la segunda parte, remató Carrasco, repelió Lux y marcó Grizi. El árbitro lo anuló por fuera de juego pero quedó como un aviso: el partido ya no era partido, ya era asedio, asedio rojiblanco.

A un zapatazo de Carrasco desde la frontal, que se estrelló con la cruceta después de que Lux lo rozara, le siguió otro disparo del belga. Y después de un cabezazo de Borges que sacó Lucas (inmenso) bajo palos llegaría una ocasión de Correa que volvió a toparse con los dedos de Lux. Y luego un disparo de Filipe... Pero la pelota estaba como el día del Alavés: no entraba. Entonces Simeone sacó a Gameiro. Su último cambio, su única carta. Acertó.

El área pequeña del Depor se convirtió en la Puerta del Sol a las doce de la noche de un 31 de diciembre. Allí se acumulaban todos los hombres: los once del Depor y todos los rojiblancos menos Oblak. La tocaba Filipe, centraba Godín, doblaba Correa, chutaba Gameiro... Todos buscaban el gol. Toc, toc, toc. El sonido, frenético, podría venir de sus botas o del corazón de Lux. Entonces llegó el pum: centro de Juanfran, pase atrás de Gameiro, Griezmann y gol.

Fue el 1-0 pero no la tranquilidad, nunca en el Calderón. El último uy de la tarde llegó en el 89’ y fue del Depor. Disparó Mosquera a matar, pero se topó en el camino con la cabeza de Godín, que repelió el balón como si fuera un tercer guante de Oblak. Al viejo estadio ya sólo le quedan 16 tardes de Liga. Y será sólo polvo y aún, cuando uno pase por ahí, sentirá la electricidad que en el aire dejaba siempre este Atlético del Cholo. Ya está ahí, ya es tercero.


Patricia Cazón (As.com)

No hay comentarios: