domingo, 4 de diciembre de 2016

Atlético 0 - Espanyol 0

El Atleti deja pasar La Liga
4 EMPATES Y 3 DERROTAS EN 14 JORNADAS

Aunque gélida, se le había puesto la noche bonita al Atleti. Todo lo que había pasado a lo largo de la tarde, parecía, escrito para los rojiblancos. Derrota del Sevilla, empate en el Clásico y 0-0 del Villarreal. Ganar era quedarse a siete del Madrid, a uno del Barça, empatar con el Sevilla, meterse de nuevo ahí, en la lucha, en la cabeza. Pero con Quique de vuelta por el Calderón (ovacionado, por cierto, gran detalle de la grada: no olvidar) con un Espanyol muy sólido, al Atleti le dio por recordar un mal vicio pasado: dejar pasar los trenes. Y menos mal que estaba Oblak. Pudo ser peor.

El partido comenzó impetuoso, de ida y vuelta y ocasiones de los dos. El Espanyol, con dos contras, una de Piatti y una galopada de Baptistao de campo a campo, a las que el Atleti respondió con una banda, la formada por Filipe y Carrasco. El brasileño corría y el belga centraba. Y el Atleti se hubiera adelantado en el 9’ si Gameiro hubiera tenido dos números más de pie. Porque eso le faltó, dos centímetros para remachar un balón de Carrasco que era medio gol. Fue justo después de esa ocasión cuando comenzó otro partido: el que Quique había pensado.

El técnico que bien se conoce el Calderón (no en vano, esto que se vive comenzó con él en 2010) taponó el túnel que en la izquierda horadaban Filipe y Carrasco en cada carrera y llenó el campo de trampas. O piernas, que viene a ser lo mismo. Las áreas pasaron a ser territorio virgen. Todo se jugaba en 20 metros y por el centro. Y por ahí, sin que Koke y Griezmann tuvieran el día inspirado, el Atleti no atinaba. Menos mal que atrás sí lo hacía Giménez, multiplicado. Cruzándose ante Aarón, cortando los balones a Gerard o corriendo detrás de una mala entrega de Tiago como si fuera el último balón sobre la tierra. Lo último acabó, por cierto, en un choque brutal con Diop. El rojiblanco se levantó como si nada. Los uruguayos tienen piel de acero. Como Oblak los guantes.

En el 43’, la afición fue pidiendo bronce para erigirle una estatua al último mientras Gerard corría en una contra y, a cada paso que daba, más pequeña veía la portería: la achicaba el esloveno, con sus manos, con sus guantes, con su cuerpo. Fue un gigante ante su red. Y evitó que el Espanyol se pusiera por delante: había sido la más clara del partido.

La segunda parte no comenzó muy diferente, con un cabezazo de Baptistao que acarició el larguero antes de irse fuera (había aparecido, providencial, el pie de Godín) y Gerard escapándose en otra contra, rapidísimo, que terminó como la de la primera parte: con la grada tomándole las medidas a Oblak para la estatua. Fue providencial. Otra vez.

Quique se llevaba las manos a la cabeza en el banquillo. No se lo creía. Su equipo estaba mejor. Jugaba y descolocaba al Atleti, picotazo a picotazo, contra a contra, pero no terminaba de tumbarlo. Había comenzado a llover (como el día del baño del Sevilla, como el día de la Real, por cierto) cuando un zapatazo de Gabi desde la frontal obligaba a Diego López y el Atleti, ahora sí, comenzaba a atacar. Pero siempre desordenado, siempre atropellado.

La entrada de Gaitán y Correa le dio otro aire al partido y volcó el campo hacia la portería del Espanyol. Pero quizá los dos debieron salir antes. O, quizá, es que Griezmann despertó tarde. Tuvo dos el francés pero una (gran centro de Gaitán) la remató mal y la otra la envió al larguero. Entonces el reloj ya estaba en el 90’ y al Atleti, todo nervios, de nada le servía tener a Godín de delantero. Seguía sin tino, ansioso. El partido acabó como empezó, 0-0, y el Atleti mirando pasar un tren que no paró en el Calderón. Doce tardes de Liga le quedan al estadio. Y ojalá que en la siguiente no llueva, que pensará.

Patricia Cazón  (As.com)

1 comentario:

Fara Tot dijo...

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