sábado, 11 de febrero de 2017

Y entonces salió Fernando

Y entonces salió Fernando Torres y habló muy bajito con Gabi. Y el nueve, que “está acabado” (me recordaba el del asiento de al lado), empezó a presionar a Piqué como si el central le debiera dinero o se hubiera acostado con su mujer.

Y entonces salió Torres, que “está para partido homenaje” (me decía el del asiento de al lado), y el equipo dio diez pasos al frente y ni uno atrás. Y vimos una cacería apasionante como las de los lobos de El hombre y la tierra desde el segundo anfiteatro.

Y entonces salió Torres, que “es un paquete y debería estar jugando en China” (insistía el hombre). Y con él apretamos arriba. Y jugamos más juntos. Y metimos la pierna. Y corrimos sobre la hierba como si fuésemos una manada de bisontes. Como si al rival no hubiese que dejarlo salir del campo para impedirle dar testimonio de lo ocurrido allí dentro.

El caso es que perdimos 1-2. Pero he aquí la buena noticia: jugamos como cuando les eliminábamos.

Si al Atlético jugase como en la primera parte contra el Barcelona en Copa, el equipo estaría luchando por no descender. Si el Atlético jugase como en la segunda parte contra el Barcelona en Copa, ya habríamos reservado un hotel en Cardiff. Si el Atlético dejase mudo al del asiento de al lado, lo de menos sería cómo jugásemos. Porque esa ya sería una maravillosa victoria.

No se trata tanto de saber lo que queremos ser (que eso sí lo sabemos), sino de lo que tenemos que hacer para serlo. Jugar más juntos. Atreverse más. Quitarse el miedo. Correr más que el rival. Ser más solidarios. Saber quiénes somos.

No sé si recuerdan el El corazón del ángel. En la película, Harry Angel (Mickey Rourke) es un investigador mitad mister Jekyll y mitad mister Hyde que, cuando no es consciente, se dedica a sembrar el mal por la ciudad. En la escena final, Lucifer (Robert de Niro) viene a por su alma. Harry (que por fin descubre su lado oscuro y se mira en un espejo buscándose) no para de repetirse: “Sé quién soy, sé quién soy, sé quién soy”.

Había salido Torres, Gabi ya no podía correr más, Juanfran iba y volvía, apretaba el Calderón y en ese momento supimos quiénes éramos. Hacía meses que no nos veíamos. El del asiento de al lado decía: “Tenían que haber sacado antes a Fernando”.

Pedro Simón (ElMundo.es)

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