jueves, 16 de marzo de 2017

Atlético 0 - Bayer Leverkusen 0

De nuevo entre los 8 mejores de Europa
SUPO CONTENER AL LEVERKUSEN, QUE NO ANOTÓ NINGÚN GOL


Quien ha estado en el Calderón lo sabe: algo ocurre cuando lo pisa Torres, aunque sea sólo a calentar. Es intuir sus pecas y hasta la hierba se pone más de punta, como si fuera piel. Sabe que algo va a pasar. Que con El Niño todo es posible. Ayer, así le esperó 44 minutos, con el aplauso listo para recibirle y el lololo en la boca, tras lo de Riazor, pero Simeone nunca lo sacó. Le hubiera dado emoción a una noche en la que la única pimienta la puso Oblak al cambiarse la J del nombre por la S: ya no es Jan, es San, San Oblak.

Y eso que había salido el Leverkusen como una gaseosa recién agitada, todo ímpetu. Normal: eran los únicos en la noche con prisa. Buscaban hacer su Barça, ser el Leicester, pero la remontada ayer tocaba en Mónaco. Al Atleti, mientras, el baile de la ida le valía, con tocar a nana le bastaba. Pronto la efervescencia se le fue a la aspirina. Volland cruzó demasiado la primera ocasión y Chicharito envió fuera la segunda. No habría más en la primera parte: todas sus carreras al área se topaban con un muro de piernas rojiblancas. En el otro área, el frontón sería Leno.

Mediada la primera parte, después de que Correa le estampara el balón en el cuerpo, el partido entró en la nada. Salvo las carreras de Vrsaljko, todo lo que pasaba era ideal para la siesta. Tan nada era la nada. Entonces Leno volvió a sacar el guante para agitarla.

Fue un leve roce. Suficiente para enviar fuera otro balón a matar de Correa. Y aún habría un tercero antes del descanso. De nuevo Correa, Leno y su guante. De nuevo, la pelota fuera. No todos los héroes llevan capa que había dicho el Leverkusen el día anterior, por Leno y su máscara. La noche iba de porteros.

Porque volvería a intentarlo Correa al comienzo de la segunda parte. Ahora introduciéndose en el área, a ritmo de gambeta, esquivando a tres rivales, pero cuando le tocó lanzar vio a Leno y le tembló la pierna: la pelota se fue fuera. Y también una picadita maravillosa que Griezmann se sacó de la bota justo antes de que Oblak hiciera historia. Su capa son los guantes.

Era el 67’ cuando Brandt se escapó de Giménez y solo, mano a mano, remató a bocajarro pero el esloveno repelió con su cuerpo. Volland cazó el rechace pero Oblak, desde el suelo, sacó el guante y evitó el gol. Y lo mismo un segundo después, también a Volland, con la otra mano. El Calderón se puso en pie después de frotarse los ojos y cantar el Obi, Oblak más alto que nunca. Habían sido tres paradas de gol en cinco segundos, acababan de ver historia.

Y San Oblak aún haría dos más (a Bellarabi y Bailey) mientras el Calderón ya pedía: “Cholo sácalo, Cholo sácalo”. Se refería a Torres. Habían salido ya Gaitán, y Savic, y los tres cambios alemanes, todos desfilando ante El Niño, que calentaba en la banda desde el 46’, con toda la hierba y la piel del Calderón de punta, esperando el momento. Pero Simeone no escuchó. No hubo tercer cambio, no regresó El Niño. No ayer.


Patricia Cazón (As.com)