miércoles, 20 de septiembre de 2017

Athletic 1 - Atlético 2

Griezmann volvió en San Mamés
EL FRANCÉS HIZO UN GRAN PARTIDO Y GUIÓ AL EQUIPO. OBLAK PARÓ UN PENALTI CON 0-0

Conviene recordar que el Atlético ha jugado cuatro de sus cinco partidos a domicilio (cinco de seis si incluimos Europa), porque este equipo deja la impresión de que como fuera de casa, en ninguna parte. Ni siquiera está acostumbrado a su hogar, que para eso es nuevo, así que anda por el mundo repartiendo disgustos. Esta vez se lo llevó el Athletic, mancillado otra vez en San Mamés por Simeone y los suyos. Fue cuestión de que Griezmann recuperara el frac y se pusiera a repartir, de manera que ni siquiera en un equipo tan poco dado a las alegrías goleadoras pudieron Correa y Carrasco rechazar los obsequios. En el transporte del primero también participó Koke. Todo a su tiempo, sí, pero quede aquí constancia desde ya por aquello de que el 6 dibujó un partido catedralicio. En todas partes andaba, oiga.

El partido, resulta curioso recordarlo ahora, había atropellado a varios jugadores del Atlético durante la primera media hora. El Athletic se empleaba con la determinación habitual, que resultaba suficiente para controlar a un rival que de momento notaba ese salto entre el ritmo de algunos y la pasividad de otros. Como el fútbol es así de puñetero, la primera gran ocasión fue para Gaitán... que estaba entre los señalados. Nico, definitivamente un argentino de sangre fría, contradicción en sus términos, aprovechó el riesgo asumido por Unai Núñez en una salida para plantarse ante Kepa. Lamentablemente para él, afortunadamente para San Mamés, el meta rozó la pelota lo suficiente como para desviarla a un palo que, para colmo visitante, la devolvió complicada para la segunda línea.

Antes de esa acción no puede decirse que el partido hubiera dejado grandes ocasiones, una volea de Raúl García si acaso, una falta de Griezmann si acaso, pero después y hasta el descanso deparó minutos tan hermosos como imperfectos, características que suelen reunirse cuando se encuentran tales equipos en tal escenario: primero Griezmann aprovechó un error de la zaga local para plantarse otra vez (y estrellarse otra vez) ante el meta del Athletic; después Raúl García supo manejar un error de Filipepara pelearle el balón, caer dentro del área y provocar a su vez la equivocación de Estrada, animado en el empeño por uno de los asistentes de área: el lateral había tocado pelota en el afán por deshacer el entuerto anterior, pero la cosa acabó en el punto de penalti.

Y hubiera lamentado ahí el Atlético su sequía previa de no ser porque Oblak volvió a volar para que el punto fatídico no lo fuera, o al menos no para él. Para Aduriz, si acaso, que había pateado. La noche, definitivamente, se ponía de cara hacia los porteros, de modo que Kepa también se hizo con la última antes del interludio, precisamente de Filipe. El partido andaba como había empezado, pero ese despliegue de última hora, con deshonrosas excepciones, que aún las había, resultó hasta conmovedor.

En la segunda parte ya no hubo diálogo que valiera: el Atlético tomó la palabra y no se calló hasta que ganó el debate, más allá de que en el último minuto se llevara un susto en forma de diana de Raúl García, que bien mirado, la de que al navarro le vaya bien, no deja de ser otra alegría en clave rojiblanca. Antes de eso Griezmann se había metido definitivamente entre líneas para demostrar que en San Mamés marca, pero también asiste, ayudado en el empeño por un equipo que había ganado metros. La primera fue del francés, pero la que valió fue la segunda, acuchillando a la zaga local con un balón filtrado para que Koke lo retrasara otra vez, en este caso hacia Correa para el gol. La puerta estaba abierta.

Grizi pidió un penalti que no lo pareció. A Grizi le anularon un gol que pareció legal. Grizi, por fin, la puso a la espalda de Núñez para que Carrasco de refresco hiciera el segundo. Todo era Grizi, y con el francés la vida resulta mucho más sencilla para el Atlético, que había empequeñecido al rival hasta extremos insospechados un rato antes. La jugada había nacido en un saque de banda, Giménez a Saúl, Saúl a Griezmann, Griezmann a Yannick, y es que cualquier lance vale para que este equipo meta cuchara.

Williams y Beñat aparecieron y fue como si no hubieran aparecido, de modo que apenas Córdoba agitó de algún modo a San Mamés en el tramo final. Para hacerlo, en todo caso, hubo que prescindir de Aduriz. Así que sólo llegó el de Raúl, a última hora e insuficiente. La necesidad agudiza el ingenio del Atlético... especialmente cuando sale de casa. Que es a menudo, a la vista está.


Marca.com

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