sábado, 28 de octubre de 2017

Atlético 1 - Villarreal 1

Abonado al empate
EN LOS ÚLTIMOS 6 PARTIDOS: 5 EMPATES Y 4 GOLES


El bum bum de los baffles se escuchó de fondo durante todo el día alrededor de la Glorieta de Grecia, calle Luis Aragonés. Sonaban a fiesta, a ese reggaetón, música siglo XXI, como el Wanda Metropolitano, que celebraba su primer Día de las peñas y no quería sobre el cielo nubes Vicente Calderón. Se presentarían, sin embargo, por mucho que la tarde de casi noviembre pareciese un día robado a la primavera. Si hay un rival que para el Atleti siempre es lunes, ese es el Villarreal. En todos sus enfrentamientos se lo muestra.

Nació el partido con la espesura rojiblanca de los últimos y con un costurón en la izquierda, Filipe, irreconocible y errático. Enfrente un Villarreal que esperaba, expectante, versión Hacendado del mejor Atleti: ordenado atrás y con sus delanteros echando una carrera hasta Oblak, a ver quién llegaba primero, en cada balón cazado. Ambos tienen las uñas afiladas. Bacca sería el primero en rematar entre los tres palos.

Lo que se anunciaba partido alegre, con ese rombo del nuevo Villarreal de Calleja, parecía un concurso de a ver quién daba un pase más horizontal. Da igual que el Atleti tratara de mover el balón con más vigor que en últimos episodios: ahora mismo es poco más que las paradas de Oblak y los chispazos de Correa. Y el último estaba vigilado y bien vigilado por Víctor, Jaume y a veces Trigueros. Sólo una vez se despistaron y el argentino lo celebró colando un balón entre todas las piernas rumbo a Barbosa. Primer disparo rojiblanco entre los tres palos. El siguiente fue inmediatamente después. Robó el Atleti el balón en el centro (Correa) y lo convirtió (Gameiro) en chut a Barbosa. Se fue altísimo.

El Villarreal seguía tranquilo, esperando su momento, fiado a las seis velocidades que tiene Bakambu. Cada vez que pisaba área, el Wanda Metropolitano contenía respiración. Menos mal que Savic no: en un mano a mano se lanzó al suelo para quitarle el balón limpio, cuando se disponía a fusilar a Oblak. Eso aceleró el partido. O al Atleti, que creció sobre un Juanfran muy bien en la derecha y un Thomas imponente en el centro: se iría al descanso con el uyyy en la boca. Se lo puso un cabezazo de Godín que obligó a Barbosa a sacar manopla. Antes habría otro de Griezmann (fuera) y una volea de Thomas (también).

Cuando comenzó la segunda parte, el Atleti siguió dominando el juego ante un Villarreal que se agarraba a la brújula de Trigueros y a los posibles zarpazos de sus delanteros. Fue después de una estirada de Oblak ante un disparo de Rodri desde fuera del área que Grizi, al fin, pareció despertar. Necesitaba el partido un héroe y el francés se lo dio, con un pase de primeras a Correa que melón parecía y en arte se convirtió. Porque el argentino lo bajó al suelo como si en la bota tuviera un pincel, regateó y, casi sin hueco, se lo coló a Barbosa. Escrito estaba. Sus chispas iluminarían el camino.

Pero entonces lo de todos los partidos: el Atleti dio un paso atrás, o más bien todos, buscando el cobijo siempre seguro de los guantes de Oblak mientras Calleja gastaba sus tres comodines del banquillo. Veinte minutos después Bacca hacía el empate. De cabeza y tras córner, además: se alzó ante Godín como si fuese Goliat ante un David. El antiguo martillo rojiblanco ahora es losa.

Al partido le quedarían aún diez minutos pero en ellos Simeone movió más los brazos que su banquillo. Su cambio sería uno y ya estaba sobre el césped. Vietto por Gameiro, que nada cambiaría: a los dos se les está poniendo cara de Jackson. El partido se había detenido en ese momento de Bacca y hasta la genialidad de Correa ya parecía lejos, muy lejos. Y con esa sensación se vaciaría el estadio cuando el árbitro pitó el final. Se escuchó algún pito, aislado. Y el himno en los altavoces, atronando, con el cielo recortado en la cúpula lleno de las mismas nubes negras que a veces cubrían los Días de las peñas en el Calderón.


Patricia Cazón (As.com)

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