miércoles, 22 de noviembre de 2017

Atlético 2 - Roma 0

El Atleti no está muerto

Cuando despertó, la Champions todavía estaba allí. En el aplauso de Simeone a sus chicos, su mirada emocionada. En los brazos en alto de Gabi, a la grada. En esos abrazos, todos al mismo, Griezmann. Volvió el día que su equipo más le necesitaba: si el Chelsea le había ganado al Qarabag, fue el francés quien espantó la noche fría y negra que, durante 69 minutos, se precipitaba sobre el Metropolitano ante el Roma. Media tijera le bastó.

Y eso que el partido no había comenzado y a Simeone ya se le retorcía un poco más: Juanfran lesionado, Thomas al lateral y Augusto de la grada al once. Nada fácil, todo difícil. El Roma, al que un punto bastaba, no dejaría de buscar a Thomas. Perotti no tardó en encontrarle un agujero y por éste colaría a los demás.

En los primeros minutos, Oblak, cada vez que levantaba los ojos, tenía el área llena de romanos. Pero sería un apretar sin ahogar. Tampoco tenían urgencias. Para eso el Atleti, donde habitaban todas. Por ganar, por el gol, por seguir agarrado a esta Champions, aunque sea de un imposible. Y eso que, al principio, con Augusto aún desubicado, le costaba sacar el balón y a Torres le faltó media bota para remachar un centro raso de Lucas que olía a red.

Luchaba El Niño cada balón como si fuese el último en la tierra. Y en parte así era: si alguno no terminaba en gol, el telón de la Champions se bajaría este año ante el equipo de su vida. Cuando a su causa se unió Carrasco, al Metropolitano le subieron las pulsaciones de golpe. Primero, con un balonazo al lateral de la red. Después, con un pase para el remate a bocajarro de Torres o Grizi, pero a los dos les siguió faltando medio pie. A Augusto, más tarde, le sobraría un brazo al hacer un gol que el árbitro anuló por mano. El Atleti se iría al descanso 0-0. 0-0 y cuarenta y cinco minutos menos.

Los primeros de la segunda parte intentó llenarlos Carrasco. Pero una vez le sobró un regate y otra, se topó un cerrojo griego, Manolas. A los cambios, Simeone buscó la chispa, Correa por Augusto, y Di Francesco, el cemento: Stootman por Pellegrini. El poste una vez y la espalda de un Giménez multiplicado, otra, salvarían a Oblak antes de que al Metropolitano se presentara una cresta: la de Griezmann. Porque no hay mejor manera de cambiar los pitos por aplausos y este equipo tiene un héroe que no le ha abandonado y que sabe francés. La jugada la inició Torres, Correa evitó que se fuese fuera y lo devolvió al área. Allí esperaba ya Grizi, con su capa: se elevaría sobre los demás para rematar de medio tijera y, voilá, el gol. O, mejor, su palanca ante ese telón que bajaba. Cuántas alegrías daría ya esa cresta al Calderón.

Repetiría después, cuando el Roma ya estaba con diez por expulsión de Peres, con una asistencia a Gameiro que enviaría el balón a la red sin portero y sin ángulo. Mientras, la grada del Nunca dejar de creer se abrazaba fuerte y miraba a Stamford Brigde, allí donde la Champions seguía al despertar de este partido. Parece imposible, pero...


Patricia Cazón (As.com)

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