sábado, 4 de noviembre de 2017

Deportivo 0 - Atlético 1

Thomas evita otro empate
GOL DE FALTA EN EL 91

Cuando Gabi colocó esa pelota al borde del área, el Atlético seguía perdido en el laberinto de las últimas semanas. 0-0 y un desierto de fútbol, goles e ideas. El cuarto árbitro acababa de levantar el cartelón, cuatro minutos de añadido, cuando el capitán rojiblanco sacaba en corto. Thomas había pedido el balón. “Mío, mío”. Y suyo fue: volvió a patearlo con el alma. Como ante el Qarabag, como (de cabeza) ante el Elche. Un gol directo al corazón de las sombras que entró por la escuadra de un Pantilimon transparente.

Ay la bendita raza. Y el balón parado, que volvió a aparecer cuando el Atleti más lo necesitaba, en este momento difícil, en este descuento; minuto 91.

Tras el Qarabag, Simeone había saltado en Riazor con la intención de cambiar algo para que lo hiciera todo: nada enseña más que tropezarse. En su once, un inesperado, Augusto, que jugaba en Liga un año, un mes y ocho días después de romperse la rodilla. Sería el blindaje de un centro del campo con otros tres mediocentros ya: Gabi, Thomas y Saúl. Todo madera, todo músculo.

Y si Augusto comenzó pidiendo foco, buscando socios, desmarques, resquicios al equipo de Cristóbal, poco a poco otro argentino, Fede Cartabia, fue poniéndole su nombre al balón y el partido tiñéndose de azul gallego. Con velocidad y criterio, estaba en cada contra del Depor. Bakkali estaría al final, para nada: cada balón lo chutaba como si esto fuese rugby, no fútbol. Todos se irían, claro, dos metros por encima del travesaño. Al menos sirvió para descubrir que Oblak iba de negro. Pantilimon y su traje lima ni asomaban.

El Atleti se encogía ante un Depor que le iba descosiendo por los costados, ora Luisinho, otra Juanfran. Griezmann, salvo un autopase brillante, caño y tacón incluido, seguía perdido en su nada de últimamente y Correa, cada cosa que intentaba, restaba. El partido se fue al descanso rascando como un papel de lija.

En la caseta Simeone buscaría virar el rumbo con un volantazo en su plan: Gaitán por Correa. El cambio se notaría en la primera jugada: primer tiro a puerta del partido, un uy, al fin. De Griezmann. Los porteros acababan de ser invitados al partido. En cinco minutos los guantes de Pantilimon contabilizarían, además, una volea de Gaitán, un remate de Thomas y un cabezazo de Godín. Uy, uy, uy.

Lo de Oblak fue más inquietante. Si en la primera parte logró reaccionar a tiempo ante un Lucas Pérez que le dejó clavado al presionarle un balón, al comenzar la segunda se llevaría una mano al hombro. Se había golpeado con el poste al ir a atajar un centro. Era el izquierdo, el operado. No dejaría de tocárselo en un rato. Ay, ay, ay.

Con la efervescencia con la que había comenzado la segunda parte ya templada, Simeone siguió cambiando cromos. En el primer balón que tocó Gameiro, tras filigrana de Grizi, resolvió un mano a mano... Pero el linier había levantado el banderín: fuera de juego, lágrima en la lluvia. El partido ya estaba en el sufrir de siempre: fútbol horizontal, pelotazos a ningún lugar. Y Simeone, para ayudar, pareció hacerse el harakiri: a once minutos del final y necesitado de gol, quitó a Griezmann, que estará como esté, pero es Grizi y tiene chistera, para meter a Giménez. Delantero por central. Es Simeone y también lleva varita: funcionó.

Porque faltaba Grizi pero sobre la hierba tenía a Juanfran, Godín, Gabi, Saúl, Thomas, la raza. Fue el último quien se pidió el balón después de que Sidnei derribara a Lucas para frenar una brutal carrera a la contra. Ese que colocó y sacó en corto Gabi. Aquel que se fue directo al corazón de las sombras y espantar, así, al invierno que acechaba este parón.


Patricia Cazón (As.com)

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