domingo, 26 de noviembre de 2017

Levante 0 - Atlético 5


Festín atlético

Era el minuto cinco cuando un balón se estampaba en la red de Oier y le salía la primera grieta a esa maledicció de cimientos profundos, la del Atleti en el Ciutat. Encontraría Simeone el abracadabra tocando un par de piezas en su pizarra: Griezmann a la derecha y no arriba, arriba Correa junto a Gameiro, no Griezmann. Voilà, otro Atleti. Uno con velocidad endiablada y pegada. Y vestido de amarillo, al completo, de arriba a abajo. Ayudó, eso sí, un inesperado viento a favor, todo granota.

Si un balón de Gameiro para el remate a bocajarro de Correa se convirtió en el primer gol sería porque junto al argentino corría Róber, central del Levante, que en su intento de despejar envió el balón a la red. 0-1 para el Atleti, minuto 5. Simeone lo celebró como si el gol lo hubiese marcado un futbolista suyo. Así de difícil le es (era) el Ciutat. Pero había salido su equipo con una ambición: quería, podía ganar. Y no paró hasta hacer de esa grieta un roto.

Tras el gol no daría un paso atrás sino todos adelante. Quería el segundo, la tranquilidad, por mucho que Muñiz a los tres minutos hubiese puesto su plan boca arriba sobre la mesa: la espalda de Thomas, la falta de lateral derecho natural en el Atleti y el tirar de esa manta con Morales. Trató de acechar el Levante así un rato, poco, y después con un puñado de faltas lanzadas por Bardhi, con mirilla en la bota, todas fuera, antes de desaparecer para siempre. Un futbolista del Atleti había alzado su voz para silenciar el Ciutat: Antoine Griezmann.

Sus pies eran un recital de centros y pases para los desmarques y movimientos entre líneas de Correa y Gameiro. Mientas el Levante, sin balón, se desesperaba corriendo tras él, Filipe no dejaba de recuperar e iniciar jugadas y el Atleti sumaba una doble ocasión en un mano a mano de Gameiro resuelto por Oier y el rechace posterior enviado fuera por Saúl. Olía el Ciutat a maledicció, sí. Pero ésta estaba toda entera sobre la cabeza de los centrales granotas. Y era de ese negro que sólo anuncia tormenta. Si en el 5’ había fallado Róber, en el 29’ le tocaría a Chema.

La jugada la inició Koke al colar, rapidísimo, un balón a Correa. El argentino regateó a Oier pero ante su tiro a puerta vacía apareció Chema y el dejá vu: al intentar rechazar dejó el balón muerto, perfecto para que Gameiro llegara y sólo tuviese que tocarlo, plic, para enviarlo a la red. Simeone miraba el marcador y hubiese podido frotarse los ojos: minuto 29 y 0-2 para el Atleti en el Ciutat. Y tras dos regalos de los centrales granotas, inmersos en un particular black saturday.

En la segunda parte, el Levante sólo fue comparsa de ese Atleti que bailaba alrededor de ese engranaje perfecto, Griezmann-Gameiro-Correa. El primero, ahora más en la mediapunta, con su recital de pases de tiralíneas, detrás de otro delantero referencia (Gameiro) y un tercero que corre (Correa). Cada vez que se lanzaban hacia Oier, picaban.

El público del Ciutat comenzó a abandonar el campo en el 60’ mientras Gameiro y Griezmann seguían su particular concierto, ya con aire de festival: en siete minutos juntos harían tres goles más, uno Gameiro, dos Griezmann. Tuyo, mío, le votre, mien. Qué fiesta de los Hombres G, como si ayer se hubiesen levantado de la cama dando un salto mortal, al grito de voy a pasármelo bien.

Y si ellos le ponían al partido el ritmo endiablado, los demás la pausa necesaria, impecables por línea, para que, en cada contra, el Atleti desnudara al Levante y estallara la maledicció del Ciutat. Vuelve ser tercero, por delante del Madrid. Ni el doblete comenzó así: sin perder sus trece primeros partidos en Liga.

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