domingo, 4 de febrero de 2018

Atlético 1 - Valencia 0

Victoria y a 9 puntos
A 9 PUNTOS DEL PRIMERO Y A 9 PUNTOS DEL TERCERO


Desde un lateral, Simeone pedía frenesí. Desde el otro, Griezmann reclamaba calma. No es tan fácil ser aficionado del Atlético. Ambos tenían su parte de razón, por extraño que suene: el técnico deseaba un estadio caliente que contribuyera a sostener la ventaja mínima de su equipo, mientras el futbolista se encaraba con los que le pedían vértigo en una contra de última hora que había frenado por aquello de jugar a favor de reloj. Expresivos como son, al argentino y al francés les pudieron las formas. Así que uno terminó en héroe y el otro en villano, al menos para aquellos a los que pillaron cerca sus gestos exigiendo silencio. Sea como fuere se salieron con la suya, porque ganó el Atlético al Valencia. Un matiz si se permite, Antoine: cualquiera que acudiera en esta ocasión al Metropolitano merecía un homenaje por el mero hecho de hacerlo, bajo cero y con aguanieve, más allá de que tuviera o no razón en el lance concreto. Gestos, los justos.

De lo que venga del Ártico no tienen culpa los de las corbatas, a todo esto, pero permítase aquí una breve reflexión: en el septiembre valenciano el partido de la primera vuelta se puso a las 16.15 horas, de modo que se jugó con más de 30 grados; en el febrero madrileño el de ayer se colocó a las 20.45, de manera que se disputó bajo cero. ¿Pasaron acaso calor (en Mestalla) o frío (en el Metropolitano) los que deciden sobre tales cuestiones? Aire acondicionado en la primera vuelta, calefacción en la segunda. Y ahí se las den todas. Ustedes, los del estadio, ya no importan prácticamente a nadie. Ya saben: es negocio, no sentimiento. De hecho procuren llenar el tiro de cámara, no sea que encima vaya a caerle una multa al club.

A lo que vamos: Correa solucionó el partido a su manera, pergeñando una hora más bien floja y destapando el tarro justo cuando podía sospecharse que el suyo iba a ser el tercer cambio, primero por decisión técnica. Porque, ésa es otra, el partido salió torcido para el Atlético, que primero perdió a Savic y después perdió a Godín. Al uruguayo le rompió varios dientes una salida de Neto, que no tocó balón y que estaba dentro de su área. ¿Cómo llamaríamos a eso? Penalti no, desde luego, porque esa palabra, al menos su acepción a favor, ha desaparecido del diccionario liguero rojiblanco. Lo hizo, concretamente, en la trigésimo segunda jornada de la última edición. Que ya ha llovido. Y, en este caso, nevado. Como por centrales no será, El Cholo introdujo a Giménez y centró a Lucas, cambiando a Vrsaljko de banda e incluyendo a Juanfran por la habitual. Encaje de bolillos... y portería a cero.

Vaya usted a saber el motivo, el caso es que de partida Simeone había incluido menos músculo que nunca... justo cuando tenía enfrente a Kondogbia. El Atlético, que no tiene problema para jugar con cuatro mediocentros, lo hacía esta vez con dos. Y con los más livianos, por añadidura. Así pasó: el pivote del Valencia se hizo un llavero en el primer acto con Saúl y Koke, de modo que sobre su despliegue creció un Valencia que en todo momento tuvo claro a lo que jugaba: sin pelota, replegando para tapar cualquier hueco; con ella, masticando la jugada con paciencia, y Parejo al timón, toda vez que el perfil ofensivo local provocaba precisamente desequilibrio en la presión.sí que el Atlético se hartó de poner centros laterales que resultaban inocuos, incapaz como era de asociarse hasta el área. El balance rojiblanco de ese primer acto se resume en un disparo lejano de Saúl y en un cabezazo a la salida de un córner de Costa, ambos con respuesta de Neto, la segunda de ellas simplemente antológica. Tampoco es que en el otro lado hubiera gran cosa, la verdad.

La cosa circulaba parecida después, con Simeone coqueteando con la idea de agotar los cambios para equilibrar en mediocampo. Lo hizo con Gabi, de hecho, pero fue justo después de que Correa, poniéndola en la escuadra, sacara un gol de la nada. A partir de ahí, el Valencia probó su medicina: un rival pertrechado que no concedió ocasiones... y que se adueñó de la pelota hasta el final en lo que Simeone y Griezman se ponían de acuerdo.

Marca.com

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